DestacadasHistóricasViscerales

Marina, memoria viva

Hace diez años un grupo de estudiantes de Comunicación Social conocieron a Marina Quintero y la hicieron protagonista de un documental audiovisual. A raíz de su fallecimiento se encontraron recordando vivencias e impresiones al interactuar con una de las militantes travestis más emblemáticas de la región. Cómo fue registrar la lucha y relatos incómodos de Marina en primera persona.

Autora: Gise Curioni

“Como palabra viva, como una historia que habla, Marina muestra esa necesidad persistente, casi natural, de ser aquello que el rostro no calla y que la voz constante exige decir. Es la batalla de una persona que reclama ser reconocida como persona, la búsqueda del hilo casi invisible de la identidad que la hace y deshace en cada ausencia de nombre.”

Sinopsis del documental 'Marina, historia de vida’.

2010, teníamos 19 y 20 años. La consigna para el Taller de Imagen de la Tecnicatura en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias de la Educación (UNER) era: realizar un documental, una historia de vida. Ya veníamos trabajando temas relacionados a género, a las luchas por la igualdad de condiciones y la integración social de personas disidentes. Desde un lugar muy infantil, o liviano, o superficial si lo pensamos ahora. Ideológicamente "correcto" pero en el plano puro de las ideas, nada de eso nos había pasado por el cuerpo, todavía.

Fuimos a ATE Casa España, donde se desarrollaba una jornada de capacitación sobre derechos trans. Las disertantes exigían soluciones urgentes sobre la sanción de una ley de identidad de género, el aumento del número de travesticidios, las precarias condiciones de salud y calidad de vida de personas trans, los estigmas asociados a la identidad de género en el ámbito laboral, la violencia policial, el ejercicio de la prostitución y el matrimonio igualitario.

Ese día escuchamos nombrar por primera vez a ATTTA, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina, encargada de llevar adelante acciones concretas y exigir el ejercicio pleno de sus derechos ante los organismos competentes. Pero sobre todo, conocimos a una de sus máximas referentes en Santa Fe: Marina Quintero, sinónimo de historia, lucha y militancia, y a su vez, la protagonista de nuestro cortometraje.

Conocer a Marina fue un antes y un después en todo sentido. Entramos a su casa para entrevistarla por primera vez siendo unes, y salimos siendo otres. Con un torbellino de emociones de angustia, furia, revelación, deseos.

La primera vez que fuimos a su casa para entrevistarla, no sabíamos bien qué esperar. De hecho, no estábamos seguros ni de dónde bajarnos del colectivo (y no existía Google Maps). "En la parada del 15, donde termina el recorrido, ahí se bajan y caminan". Si alguno tuvo miedo no lo manifestó y no éramos del todo conscientes de lo que estábamos haciendo. Fue hermoso que no lo seamos, porque por eso nos entregamos a pleno como en un juego.

Si bien no buscamos cualquier historia y hubo un interés genuino en contar la de Marina, que es la de otres también, nos fuimos de su casa con la sensación de que algo ya no era igual, llevándonos más que sólo su historia. Ver en carne propia la convicción y la lucha por un derecho tan básico como la identidad, nos hundió un poco más profundo el peso de la desigualdad social, en todas sus variantes.

Leer también »  La inundación, en la memoria y el cuerpo de una niña trava

Marina, historia de vida

La hicimos documental. Sin ser conscientes en ese momento, aportamos al archivo que retrata la historia de la cara visible de la lucha por la recuperación de derechos de las personas trans.

En ese momento no lo entendimos. Entre la calle de tierra, un niño vecino caminando de su mano, el toldo verde, ella con los ojos fijos en nosotres, su hermano hablando de amor, la esquina y la policía, tanta conciencia, claro que no entendimos.

Marina nos incomodó por primera vez. Recuperar derechos, pedir por un DNI con su nombre, acceder a puestos de trabajo, discriminación, violencia y marginalidad. Fue una bomba de información que -entre torta y mates dulces en su casa en barrio Yapeyú- nos tiró con paciencia. Se le notaba el deseo de que estemos ahí, de compartirse con nosotros, un grupo de “pibites bien” totalmente ajenos a toda su realidad.

Fue la primera vez que escuchamos hablar de identidad de género, de una travesti con novio e hija, de la importancia que es ser nombrada. Con su frontalidad y elocuencia, y entre pucho y pucho, nos dio un curso acelerado sobre diversidad, marginalidad y lucha por derechos. Nos regaló la posibilidad de conocer no sólo  su vida y lucha, si no la de muchas otras personas.

Autora: Carolina Robaina

Después de diez años volvimos a ver el documental que hicimos. Un grupo de chiques recién salides de la secundaria, y pensamos en ella, en cómo nos recibió, tan cálida, tan dispuesta, entendiendo que todo era una oportunidad para visibilizar su lucha. Desde contarnos el trabajo que venían haciendo desde ATTTA Santa Fe hasta anécdotas de su infancia, toda su vida atravesada por ese deseo de luchar por ser quien es.

Hoy, luego de la noticia de su fallecimiento, entendimos. Entendimos que después de ese documental empezó un hermoso camino hacia el feminismo, entendimos que ella nos compartió su historia y con ello, nos abrió las puertas a nuevas curiosidades, nos sacó del frasco, pero antes nos sacudió, nos mareó. Salimos como pudimos. Le debemos la sacudida y le debemos la incomodidad.

Aprendimos que la empatía se construye con el otre. Marina fue el cuerpo con sus palabras y su militancia. Fue el cuerpo que necesitamos para entender la importancia de ser nombrades y reconocides por la otredad en coherencia con el sentir propio. Fue el cuerpo para entender todos nuestros privilegios y para empezar a usarlos como herramienta de transformación. Humanizó y le puso nombre a una problemática, porque a partir de ella nos empezó a interpelar en carne propia, y empezamos a sentir que detrás de cada chiste homofóbico, de cada preconcepto, marginación, degradación y negación de derechos había cientos de Marina.

Leer también »  La peregrinación de las travas

Una trans en la facultad

La experiencia de la presentación del documental en el auditorio de la FCEDU al cual Marina asistió, merece un capítulo aparte.“Hay alguna persona trans estudiando en esta Universidad?”, preguntó cuando agarró el micrófono. Hubo un debate, y se posicionó una problemática. Al año siguiente se inscribió Keili González, la primera chica trans en la facultad.

Autor: Ignacio Cerbino Loza

Marina nos incomodó a todes y, sin ser del todo conscientes, nosotres militamos esa incomodidad cuando se la trasladamos a nuestros profesores. Que, por desconocimiento y clara falta de formación en perspectiva de género, hicieron preguntas y chistes sobre la elección del tema para el documental.

Casi dos años después, se sancionó la Ley de Identidad de Género y con ello entraron en la agenda académica temáticas, voces, autores y contenidos que nos continuaron incomodando. Ahora, teníamos otra mirada. O era la misma pero con la sensación de deconstrucción, de incomodidad siempre.

Leer también »  Histórico: el cupo laboral trans es ley en Santa Fe

Romper esquemas

A diez años de conocerla, seguimos aprendiendo de su historia de lucha. Marina cambió nuestra mirada por completo. Nos prestó su voz para repetir infinitas veces que las personas son libres para definir su autopercepción e identidad como postura política.

Luego del rodaje, todes comenzamos a militar y luchar por los derechos negados. Porque nunca tuvimos tan claro que ser personas cis, blancas, de clase media y con estudios universitarios son y serán privilegios. Reconocernos ahí, accionando para colaborar en una lucha por igualdad de condiciones es una postura política. Hizo que comencemos un proceso ruptura del binarismo hombre-mujer. Marina creó puentes para que las travestis y trans puedan ir a dialogar con políticos.

Autor: Agustín Schaumburg

Al final del documental que hicimos, ‘Marina, historia de vida’ ella reflexiona: “El único miedo a la muerte es que pase y sea como un fantasma, el fantasma sería que mi DNI no dice mi nombre”.

Hoy, a ocho años de la sanción de la Ley de Identidad de Género te despedimos, te agradecemos y te celebramos por luchar por tu identidad y la de muchas. Porque en tu lucha está tu legado. Partiste y no como fantasma, sino como Marina Quintero. Nos dejaste aprendizajes, convicciones de lucha y militantes, que con su furia travesti, siguen rompiendo esquemas e incomodando, por suerte.

Autores: Olivia Gutiérrez, Fabiana Benítez, 

Agustín Schaumburg, Marianela Faccioli y Carolina Robaina
X