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CC: Te quiero libre

El derecho a decidir también en la construcción de la cultura. Una invitación a documentar nuestra historia en primera persona, mientras sucede, y con la libertad que se elige al modo de narrar.

Autora: Victoria Tolisso

Habitar los feminismos y los espacios que se eligen para disputar brindan la posibilidad de narrar desde adentro la propia historia del movimiento de mujeres y disidencias. Y contar con herramientas como la palabra, la imagen o la forma, es una razón más para construir este presente que se transita.

En ese sentido, y en el poder narrativo que se adjudica al activismo visual, elegir hablar de y desde la imagen, el disparo que retrata, selecciona y recorta el pedazo de realidad que pretende contarle a otres es un poco de lo que se vive desde el interior de círculos de confianza que se cargan de sentido, lucha y esperanza para derrumbar todo eso que oprime.

Querer, Creer, Crear

El desafío entonces arranca por animarse a contar, una mirada subjetiva que a esta altura, por suerte, ya es casi imposible de divorciar de sentidos. Las activistas feministas que registran el movimiento junto a las fotógrafas militantes saben cómo decir lo que quieren y lo hacen por sí mismas, sólo falta rescatar de ese tiempo líquido de lo noticioso las imágenes que puedan documentar la lucha que se quiere: la de los cuerpos no hegemónicos, la de los rostros litoraleños, la del amor y los abrazos, la de las manos que caminan juntas.

Autora: Paula Kindsvater | CC-BY-SA-4.0

“Deconstruir, revisar, resignificar, son verbos a los que me aferro al momento de hacer y liberar fotos de la lucha feminista y disidente, o de cualquier experiencia que considere que abre un hueco en las representaciones hegemónicas acerca de quiénes somos o debemos ser” manifiesta la fotógrafa activista Paula Kindsvater a Periódicas. Y continúa: “Desde hace un tiempo me sumo a la apuesta de muches otres fotógrafes y colectivos: hay una forma de narrarnos en imágenes que es nuestra y que queremos compartir, hay un discurso propio acerca de qué y cómo mostrar y nos resulta indispensable que circule, que pueda ser reapropiado y que, por supuesto, tenga cada vez más lugar en el escenario comunicacional”.

Hay un montón de activistas con pantalla en mano, mirando lo mismo desde ópticas diferentes ¿qué registro más plural y diverso que el convocarse a mirar juntas? Si hay algo que empodera es la organización colectiva, como plantea Cecilia Ortmann militante del Software Libre en "Podemos contar nuestra propia historia": “Apropiarnos y resignificar espacios digitales, como una apuesta a la sororidad digital en tanto estos habiliten un espacio para acompañarse y compartir experiencias, saberes, aprendizaje”.

Constanza Verón, integrante del staff de Wikimedia Argentina cuenta a Periódicas: “Cuando hablamos de la historia de las mujeres, nos encontramos con una gran deuda, la información a disposición de todes. Sabemos que a lo largo de la historia las mujeres fuimos invisibilizadas en los relatos que pretendían construir una historia hegemónica protagonizada y dirigida por una sola voz, la del masculino universal. Las narraciones visuales repiten esos mismos estereotipos de la historia escrita: a la hora de narrar en imágenes quiénes somos, de dónde venimos y qué hicimos, las mujeres no aparecemos o aparecemos a través del ojo de algún varón. ¿Y qué implica esto? Implica que esas miradas no nos representan”.

Autora: Titi Nicola | CC-BY-SA-4.0
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Derecho a decidir

Otro aspecto importante al momento de crear es pensar qué se quiere que pase con ese material, y saber expresarlo al momento de compartirlo, ¡vaya si no empodera el acto de saber utilizar las herramientas de comunicación a nuestro favor! Y ahí, en ese campo, por convicciones propias, es importante hablar sobre cultura libre -el modelo de libre acceso a la información-, y la apuesta a una construcción colaborativa del conocimiento.

Legalmente, una obra está protegida por derechos de autor desde que nace -debate moral aparte de las prácticas contemporáneas-. No se debería poder compartir una foto, ni difundirla, copiarla, transformarla, nada de eso sin una licencia explícita de quien tomó la imagen.

¿Qué es una licencia? Es el permiso que el autor o autora decide otorgarle a su propia obra para que otres puedan usarla, compartirla, disfrutarla o restringirla. Pero siempre, siempre deberán citar a quien creó la pieza, preservando la licencia para que ésta pueda seguir circulando.

En el caso de las licencias Creative Commons, es un modo simple de decidir qué se quiere para nuestra creación. Se puede saber respondiendo algunas preguntas, partiendo de que sí o sí, no sea negada la figura de autoría: ¿Se quiere que la imagen pueda ser usada comercialmente? ¿Se quiere que la foto pueda ser modificada? ¿Gustaría verla en un collage? ¿En un paste up? ¿Se quisiera que la imagen siga siendo libre?

Al responder y combinar estos aspectos, podemos elegir entre seis tipos de licencias:

Para elegir qué libertad queremos para nuestras fotos basta con expresarlo colocando alguno de los íconos combinados que están explicados más arriba, o bien el texto de la licencia. Si hay dudas sobre cuál elegir, esta herramienta es de mucha ayuda.

Expresa Kindsvater: “Hay claroscuros y tensiones en el liberar, no podemos negarlas. Pero estoy convencida de que es el camino para ir hacia la construcción de representaciones más inclusivas y diversas. Documentar fotográficamente -no importa si es desde el ejercicio amateur o profesional- y liberar la producción, puede parecer un ejercicio trivial para algunxs pero desde una perspectiva consciente y comprometida, sabemos que estamos construyendo cultura, que afirmamos y militamos un discurso propio sobre quiénes somos, lo que hacemos o aquello que defendemos”.

Una historia abierta, libre y gratuita

Hablar de una historia abierta es referirse al tipo de acceso que se le otorga a un espacio, es no ponerle restricción alguna, que pueda ser consultado y apropiado por todo tipo de identidades y seres invitades a visitar un sitio o que sólo deban contar con acceso a internet.

Hablar de historias libres es pensar obras, que desde el vamos sean pensadas como plurales y diversas, como un material que pueda ser apropiado por otres, donde se pueda añadir sentido y donde la construcción nunca termine en la simple emisión de un mensaje. Es por esto, que se propone en las licencias creative commons y no en copyright tradicional que impediría la réplica, la transformación, la libre circulación. Se piensa en un pedazo de historia que no intente hablar de una verdad única y absoluta. ¿A quién se le ocurriría contar la historia con piezas tan rígidas cuando estamos aprendiendo sobre nosotras mismas en la misma práctica de romperlo todo?

Hablar de historias gratuitas es poner a disposición del conocimiento un modo de contar lo que se está construyendo, un pedazo, un poco, una pieza que combinada con otras narran un universo plural. ¡Ojo! No significa que la obra no pueda nacer de una relación de dependencia o que un servicio no pueda ser cobrado. Ponerle precio a una pieza específica puede no ser suficiente para el pedazo de historia que pueda contar.

Sobre esto, Constanza Verón dice a Periódicas: “Creo que un punto para pensar es la finalidad con la que generamos nuestro acervo fotográfico. Darnos el espacio para decidir entre quiénes, cómo y bajo qué condiciones deseamos circular nuestras producciones. Liberar o donar imágenes no implica una pérdida del derecho de autor, sino una elección voluntaria acerca de la forma de circulación de la cultura. Es la decisión de poner la cultura a disposición de todes por igual, garantizando el derecho al acceso a nuestra historia, el derecho a transitar nuestra cultura de manera libre”.

Existen diversos repositorios que respetan la licencia de las obras que publicamos en internet, por ejemplo Flickr o Youtube ya cuentan con filtros en sus búsquedas para localizar contenido de licencia libre. El preferido de quien escribe es Wikimedia Commons, el repositorio multimedia de todos los proyectos de Wikimedia. Sí, todo lo que se encuentra en Wikipedia, fue previamente liberado por alguna persona o institución.

Un gran ejemplo local de repositorio abierto, libre y gratuito para escribir nuestra historia, fue una iniciativa litoraleña (un poco de Santa Fe, un poco de Paraná) en la que más de 100 fotógrafas registraron colectivamente acciones feministas durante 2018. Un registro diverso, una mirada propia, un relato desde adentro.

➲ Ver Coberturas Colaborativas - mesa niunamenos - Santa Fe - Argentina en Wikimedia Commons
➲ Ver Coberturas Colaborativas - Paraná Entre-Ríos - Argentina en Wikimedia Commons

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No quiero tu piropo, quiero tu respeto

Pensar la libertad de la imagen desde una perspectiva documental es despojarse también de la exigencia estética o profesional con la que puede cargar el acto fotográfico. Contar desde adentro es construir el relato sin necesidad de responder a likes, a retratos que encajen en la hegemonía. Es tener muy claro que no es la calidad de la pieza, sino el mensaje que transporta lo que se debe privilegiar. Es empoderar en herramientas que disparen y que resguarden el material. Es asumirse como fotógrafas ahí donde se aprende a ser prosumidoras de la historia que se vive, ahí en el respeto de una cita de quien nos ve detrás de la construcción de ese mensaje visual.

“Donar imágenes a un archivo abierto nos permite poner en resguardo nuestra historia, nuestra memoria, para que futuras generaciones puedan leer, ver y conocer nuestras luchas, nuestras conquistas, para que sepan que no están solas, y para seguir avanzando”, agrega Constanza Verón.

Caminar la lucha, retratar los momentos claves y poder decidir sobre esa construcción cultural es un modo de ser libres. Y como dice Rebecca Solnit "la capacidad de contar tu propia historia, sea en palabras o en imágenes, ya supone una victoria o una rebelión".