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De corazón a corazón

Autora: Julieta Cementerio
En el marco del Día Mundial del Corazón, queremos hablar de cardiopatías congénitas y de la relación de las cicatrices con los cuerpos de las mujeres. Dos comunicadoras cuentan sobre sus experiencias y lo que dicen las marcas en la piel.

Autora: Julieta Cementerio
Autora: Julieta Cementerio

Cuando tenía un año y medio me detectaron un soplo en el corazón. Técnicamente, un Ductus Permeable, que es un vaso que conecta la arteria aorta a la arteria pulmonar. Algo así como el corazón con agujeritos.

Mis papás se aterraron, no sabían qué había que hacer, después de dos hijos sin ningún tipo de problemas cardíacos, la tercera había salido fallada. Tenía una Cardiopatía congénita.

En realidad, todos nacemos con uno o más soplos que se cierran a los pocos días de haber nacido. Los ductus son necesarios durante el desarrollo del feto en la panza. El problema conmigo fue que nunca se cerró.

Mis progenitores no lograron dar con une especialista que les brinde confianza. El primero que quiso operarme, según ellos, no tuvo tacto. Les comunicó que deberían abrirme desde la espalada hasta el pecho izquierdo y que “con una malla enteriza, la cicatriz no se iba a notar”. Como si realmente, ese fuera el problema mayor, la cicatriz.

Con el tiempo esa frase resonaba en mí, me ponía a pensar: ¿por qué habría dicho eso el doctor?, ¿qué tenía de malo tener una cicatriz?, al punto de tener que ocultarla con una malla enteriza.

Yo no abandonaba la idea de que tener una cicatriz no era tan malo, pero inevitablemente, me daba cuenta que las Barbie’s no venían con cicatriz, los medios de comunicación y las publicidades reproducían como perfectos, cuerpos lisos, casi sin poros. Por lo tanto aprendí que las mujeres no tenían que tener ni cicatrices, ni lunares, ni agujeritos. Los cuerpos debían ser “perfectos” bajo los estándares de belleza del patriarcado y que si había imperfecciones se tenían que tapar para que no se vean.

El principal mandato sobre el cuerpo de las mujeres es que debemos vernos atractivas y partimos de la idea generalizada de que tenemos un cuerpo imperfecto que necesita ser arreglado.

Gracias a Periódicas, conocí a Juli C., una persona que tiene todo lo bueno a su favor. Es futbolera, fotógrafa, cordobesa y con una actitud digna de una persona con cardiopatía congénita. Me bastó con una videollamada para descubrir su simpatía y su empoderamiento.

La fortuna que me lleva a conocer a Juli, hace que entienda que mi pensamiento no estaba tan errado y que debemos hablar más con mujeres para darnos cuenta que cuando creemos en algo, del otro lado hay otra que está creyendo lo mismo y hace algo con eso.

Ella se encargó de reivindicar las cicatrices de cardiopatías congénitas y retratarlas, recopilándolas en un maravilloso trabajo que permite disfrutar de la belleza y la perfección de las heridas sanadas en los cuerpos de mujeres.

Esta publicación nace del proyecto fotográfico “Des/marcarse” donde retrato a mujeres con cardiopatías congénitas. En el marco del día del corazón invité a escribir a algunas mujeres relatos sobre cicatrices y corazones que acompañan el registro fotográfico. Hoy cumplo 21 años de mi operación a corazón abierto y mi regalo es acercarles un poco de estas historias.
Julieta Cementerio

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