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"No lo quiero denunciar": cómo opera la violencia machista

¿Cómo se construyen los vínculos tóxicos? ¿Cómo se llega a justificar agresiones? Periódicas conversó con dos psicólogas para explicar cómo se conforman estos tipos de vínculos y cómo funciona la violencia machista. Además, qué tratamiento mediático se sugiere.

Autora: Priscila Pereyra

El pasado miércoles ingresó al hospital Cullen una mujer que presentaba golpes en el rostro, con pérdida de una pieza dentaria, fracturas de tibia y peroné. El responsable fue su pareja, un suboficial de policía, quien tras la audiencia realizada el viernes permanece en prisión preventiva.

Todavía internada, la mujer hizo declaraciones a la prensa en donde relató la cronología de los hechos. Un comentario y una respuesta que no gustó fueron suficientes para desatar la escalada de violencia. Además contó que no era la primera vez que ocurría algo así pero a pesar de ello manifestó públicamente su afecto por el agresor.

Párrafo aparte merece el tratamiento sin perspectiva de género que algunos medios locales le dieron al suceso. Periódicas conversó con la psicóloga Victoria Güemes y con la psicóloga social Carina De Paoli para tratar de explicar cómo se construyen este tipo de vínculos y los mecanismos de justificacion que operan en la violencia machista.

“Es un tema complejo a nivel psiquismo. Tiene que ver con relaciones de codependencia, habitualmente se les dice relaciones tóxicas. Ambas partes se necesitan para una función emocional muy profunda e intrincada a nivel inconsciente. En la codependencia 'necesito que vos me reconozcas y me necesitás para reafirmar tu identidad'”, explica la psicóloga Victoria Güemes.

Suele ocurrir que en las mujeres en situación de violencia de género las ideas que operan giran en torno a “'Yo valgo poco sin tu amor, solo puedo ser valiosa si estoy al lado de alguien como vos' Esto llevado al extremo es una conquista sobre el cuerpo de la otra persona no sólo sobre su psiquismo. Ahí es donde se empiezan a justificar ciertas prácticas violentas” agrega Güemes.

Por su parte Carina De Paoli, psicóloga social, hace hincapié en las desigualdades que se dan en estas relaciones y en cómo aprendimos históricamente a vincularnos y a jugar nuestros roles. “En estos vínculos lo que aparece es la asimetría de poder, es la posibilidad de sostener una relación a partir de la imposición, de sentirse en un grado de superioridad, de sentir que el otro es tu propiedad y que vos vas a poder manejar esta situación como a vos se te ocurra. Esto también tiene que ver con el amor romántico. Cómo nos enseñaron durante mucho tiempo a relacionarnos con el amor.”

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Mitos y mandatos

Los mitos del amor romántico se nos imponen como mandatos. Los vamos internalizando y pareciera que tenemos que cumplirlos para ser personas felices y plenas. “El amor es uno y es para siempre, si vos amás te tenés que bancar todo. Si vos lo elegiste y tuviste la bendición que él te eligiera entonces ese es tu proyecto de vida. El amor pasa sólo una vez en la vida, tratá de no perderlo. Todas esas frases hacen que en general intentemos construir relaciones donde se juega una asimetría muy grande.“ explica De Paoli.

El mandato en las mujeres es ser incondicionales, bancarse todo por amor. Ser buenas, condescendientes, siempre listas y preparadas para atender a un varón.  Lo peor que puede pasar es que el varón se enoje por algo que la mujer hizo o dijo porque le está fallando a ese amor incondicional. En relación a esto De Paoli cuenta su experiencia como profesional: “Una ha escuchado a lo largo de estos años de trabajar con mujeres víctimas de violencia, en acompañar estos procesos, que una de las primeras cosas que pasan es la culpabilización. El otro ni siquiera necesita echarte la culpa, vos lo asumís porque vos sentís que estás en falta con lo que se espera de vos”.

Así se explica también la justificación de los hechos violentos. “Son mecanismos muy sutiles, muy invisibles que hace que pensemos que todavía lo amamos y que de alguna manera invertimos la carga de la prueba o la carga de la acusación. “Yo no lo quiero denunciar porque no quiero arruinarle la carrera cuando en realidad es él quien se arruina la carrera porque hace lo que no corresponde”.

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Empoderar

Un concepto que a veces parece bastardeado es el empoderamiento. Sobre esto De Paoli se explica que "aunque a veces la pongamos en tela de juicio a la palabra empoderar , es fundamental para laburar con las mujeres. Para que ellas puedan ponerle un coto a esta situación". Esta es una tarea ardua porque se naturalizan situaciones al punto tal de formar parte de lo que Güemes llama su  "ADN emocional". El maltrato es lo conocido, lo habitual. Seguramente primero fue verbal, psicológico y simbólico. El dolor emocional a veces supera el dolor en el cuerpo por eso son altos los niveles de tolerancia a la violencia física.

"Para las trabajadoras y los trabajadores que acompañamos en estas situaciones tenemos un límite que es la voluntad de la otro. Yo no puedo ir a obligarla a ella a que no vuelva con el agresor porque estamos trabajando con mujeres adultas, sujetas de derecho."

Desarmar este tipo de vínculos es un proceso largo y doloroso. Son muy difíciles de romper y requieren tiempo para acompañar y sostener. Muchas personas se cansan porque “otra vez volvió con el violento” pero es justamente cuando el acompañamiento es más necesario. “Hay estar atentos y atentas, tener un ojo puesto en esa relación porque ella todavía hoy no está pudiendo ver que el que hace las cosas mal es él y no ella” dice De Paoli.

Tratamiento mediático

Autora: Gise Curioni

Cuando el caso mencionado al principio de esta nota se hizo público, algunos medios locales eligieron poner el foco en la parte del relato donde la mujer agredida expresaba su "amor" por el agresor. El audio se repitió en loop y las citas textuales fueron remarcadas con negrita.

Existen numerosas herramientas para periodistas que sirven como guías para que las coberturas no redunden en la revictimización o justificación de la violencia machista. Por ejemplo, desde la Defensoría del Público, un organismo estatal nacional que defiende derechos de los oyentes y televidentes, recomiendan "emitir abordajes de casos de violencia sólo cuando las personas que la sufren se encuentren adecuadamente protegidas para evitar que, en nombre de la visibilidad, se amplifiquen las amenazas que recaen sobre las mujeres."

Por otra parte, el histórico medio feminista Mujeres en Red recomienda como referente al Decálogo para informar sobre violencia de género que entre sus puntos resalta "las declaraciones de las víctimas de malos tratos son de gran interés, pero nunca pediremos testimonios a mujeres en situaciones extremas, sino cuando hayan recuperado su autoestima y puedan transmitir un mensaje esperanzador para otras víctimas" y "cuando la víctima de una agresión sin resultado de muerte quiera ofrecer su testimonio, evitaremos dar datos que puedan perjudicarla a ella o a su entorno".

Puede ocurrir que a un medio no le interese más que generar ingresos a su web y desestime la perspectiva de género en sus contenidos. Pero a veces, incluso con buenas intenciones y  "sentido común", podemos equivocarnos. Ahí es cuando hay que preguntar, volver a los manuales y a los organismos especializados. Bien sabemos que hasta el más común de los sentidos se construye con un sustento machista y patriarcal.

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