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Fin de año desde el goce: nueve historias de libertad

El movimiento feminista rompió los cimientos de lo establecido, y eso incluye las fiestas de fin de año. Las pibas, desde el goce, hacen su propia tradición. Periódicas reunió testimonios de mujeres que eligieron pasar navidad y año nuevo de una manera libre.

Autora: Gise Curioni

El nacimiento de un “salvador”, el árbol de navidad y un señor anciano vestido de rojo y blanco que vuela en un trineo. El lechón a la parrilla, las garrapiñadas de postre y la sidra para el brindis. Los adornos, los regalos que todes se desesperan a último momento por comprar y la presión por derramar paz y felicidad. Mantener las tradiciones intactas siempre fue sinónimo de estabilidad, denotando un orgullo colectivo por dejar una herencia cultural que perdure en el tiempo. Incluso, muchas familias tienen sus propias tradiciones dentro de las occidentales que inundan la calle, la televisión y los cuentos.

Pero en toda esta historia de festividades perpetuadas en el tiempo -influidas altamente por el cristianismo-, las mujeres nos encontramos en medio de opresiones y mandatos que a menudo silencian nuestro deseo. Con los avances de los movimientos de mujeres y disidencias, el goce no tardó en comenzar a efervecer y a repensar los vínculos, modos de relacionarse y de disfrutar. También de buscar la manera de encontrarse a sí misme y decidir sobre cómo vivir, primero, cada día, y ahora, hasta en las fiestas. No todas las personas encuentran en la sangre su verdadera familia, ni en la compañía la felicidad. Tíos machirulos, parientes homofóbicos e incluso, abusadores. La imposición de la inamovible figura de familia es una herencia empecinada, muchas veces fundada en los meros lazos biologicistas, que para algunes deriva en un sinfín de obstáculos para encontrar espacios donde verdaderamente ser.

Las experiencias elegidas responden al deseo, y eso, es más fuerte que cualquier tradición. ¿Hay un manual para festejar navidad y año nuevo? Sí, el propio. El de cada una. Diferentes mujeres le contaron a Periódicas sus historias. 

Ser nuestra propia compañía

Entre lo establecido, la soledad siempre fue vista como una situación negativa y hasta triste en la vida de una persona. Hoy las mujeres exigen el espacio necesario para encontrarse, conocerse a sí mismas, disfrutarse y quererse. ¿Pueden las fiestas ser felices sin compañía?

Mirtha tiene 63 años, y dijo que sí: "Llega diciembre y mis oídos no escapan de la eterna pregunta de muchos, ¿con quién la vas a pasar?, prosiguiendo: ¡No te vayas a quedar sola! Y yo, resignando la respuesta que surge en mi cabeza, les contesto que ya veré. ¿Por qué debería pasarla con alguien? ¿Por qué debería buscar la familia para brindar, cuando en todo el año no fue así?", se pregunta.

"Sé que es un mes de recontos, de cosas bien o mal hechas. Sí. Diciembre es un mes especial, afloran las emociones, la gente se siente sola y buscan con quién estar. ¡Pero no es lo que me pasa a mí! No me siento ni más ni menos que nadie, solo aprendí a convivir conmigo. Esta soledad trae beneficios porque es mi elección y no acepto obligaciones. No carezco de lugares o familias dispuestas a levantar su copa conmigo, pero no tengo dependencias emocionales: me tengo a mí y no siento culpa por no ir. Amo a mis amigas, que me aceptan como soy y no me cuestionan. No todos necesitamos algo o a alguien para disfrutar una navidad o fin de año, es mi deseo que se respete la forma que cada uno elige para hacerlo. En particular, si tengo ganas de brindar con otras personas, voy, de lo contrario, no lo hago. Me siento bien conmigo y fundamentalmente algo muy importante: Me encontré".

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Ana Laura es madre de dos hijos que están entre los 20 y 30 años, y contó cómo es repartirse entre familias ensambladas: "En el pasado, me tocó de chica ver tironeos de padres separados, siendo imposible complacer a ambos. Al casarme se sumaron no una sino dos familias políticas: la familia de mi suegra y de mi suegro, cabe mencionar además que vivían en ciudades diferentes, luego, con mi separación más necesidades de reparto, y los chicos de por medio. En el presente veo el bombardeo de películas de familias felices en la tele, la obligación de comprar, regalar, vestirse, comer y tomar, ¡y el día después! mostrando las mejores fotos, las más sonrientes, las más concurridas, pero sobre todo la obligación de ser feliz. Hacen que todo sea tan forzado, que está destinado a fracasar. He tenido en contra tres cosas: siempre fui de hacer balances a fin de año, e indefectiblemente el vaso siempre me daba medio vacío; no tengo familia, por lo cual suelo sentirme un poco sola en las fiestas; y no hay nada, nada, que supere la alegría de compartir cualquier cosa con mis hijos".

"Esta navidad, mis hijos vinieron a verme a la tarde. No por mandato, no por obligación. Tiempo compartido, de altísima calidad. Amor. Y aunque después me quedé sola, fui feliz. Lo de la familia no lo puedo remediar, y si bien no siempre lo he logrado, he hecho un esfuerzo enorme para aprender a disfrutar de mi propia compañía, y para darle alas, voz, libertad, autoestima a mis hijos. Tantas obligaciones, cada día del año, tantos mandatos, tanto ruido, tanto sinsentido. No creo que la cosa pase por irse lejos en las fiestas, eso sería como escaparse, y allí donde vayamos, siempre estaremos con la misma persona: nosotros mismos. Yo tengo una enorme esperanza en las nuevas generaciones, aprendo mucho de ellas. Y creo que romperán los mandatos, reclamando lo que es lógico, lo que es sincero, lo que es justo".

Jesús en el pesebre, nosotras con amigues

Rocío tiene 32 años, es de una ciudad del norte provincial pero hace varios años vive en la ciudad de Santa Fe y en cada fiesta retornaba a sus pagos. Este año, soltó el mandato y tomó otros caminos: "Después de muchas diferencias con mi familia y un largo año de terapia, decidí pasar las fiestas de otra manera. Elegí las personas para compartir esas comidas, que en fin, son el pretexto para juntarse cuando no se tiene otra creencia que la gastronómica. Lo particular, raro si se quiere y satisfactorio, fue poder elegir en cada detalle. Qué comer, qué tomar y qué hacer o no. Todo desde las ganas o no. Hablar, reír, mirar las estrellas, escuchar música con el volúmen que se me antoje y dormir a la hora que quiera. Definitivamente, elijo en estas fiestas y para todas las que vendrán, soltar la culpa, poner el cerebro en modo off y disfrutar así de esos dos días laborales que nos regala el calendario".

Lara tiene 27 años y contó cómo decidió pasar las primeras fiesta de diciembre: "Navidad es Jesús; es un mito pero también leyenda y fábula a la vez, de un niño que vino al mundo de forma dudosa, a salvarnos del lado oscuro de la vida. Quizás si María hubiera tenido aborto legal nos ahorrábamos toda la parafernalia y aprendíamos a transitar las angustias sin esperar que alguien más nos salve y nos tenga en su gloria. Siendo que no sabemos exactamente por qué festejamos el cumpleaños de esta entidad tan polémica, y que el 2019 no estaría queriendo irse en paz, entendí de repente y para siempre que mi familia no es la que me tocó por nacer donde nací -como le pasó al pobre de Jesús con su padre paloma y deidad- sino esa que elijo por ser como soy. Navidad es mis amigues, el pedazo de mundo que la iglesia todavía no pudo hackear. Entonces nos juntamos, cada une trajo algo para comer y algo para beber, y festejamos sin parientes homofóbiques ni tíabuelas antiderechos, ni vecinos fachos, que a pesar de muchas cosas, y en pena, sobrevivimos otro año".

Jorgelina, de 25 años dijo a Periódicas: "Desde un tiempo a esta parte con mis amigas charlamos acerca de ciertas cosas que son naturalizadas, que no se cuestionan, impuestas como una obligación. En este caso, pasar las fiestas con la familia es ley, es decir, la cena del 24 o del 31 es sí o sí con ellos, después podes hacer lo que quieras. ¿Y en las cenas, quién no tiene el tío facho? O esta cuestión implícita de que las mujeres somos quien juntamos la mesa y lavamos los platos. Frente a eso decíamos ¿por qué no pasar unas fiestas entre nosotras? Sabíamos que enfrentarnos a nuestros viejos no iba a ser fácil, porque todo es piola hasta que no haces lo que quieren. Pero entendíamos que ya empezamos (hace rato) a elegir lo que queremos para nosotras y a decidir qué lugares habitar, que vínculos construir, de qué forma, con quien compartir. Porque la familia, en realidad, también se elije. Y fue así que nos pareció una hermosa forma distinta y diferente de «arrancar» el año, juntas".

Milagros, busca espacios de festejos libres de miradas juzgadoras: "Tercer año que vamos a pasar juntes con mis amigues, que son la familia que elijo. No solo tiene que ver con los vínculos de sangre sino también con las personas que elegimos para confiar y pasar nuestra cotidianidad. No pasa solo por la tradición, sino también por el carácter obligatorio de algunas tradiciones. Hay algunas que las replicamos o no nos son coercitivas con lo que queremos o no hacer y otras que sí. Yo estuve de novia muchos años e íbamos una fiesta con su familia y otra con la mía. No me era algo que me resultara horrendo, pero también es poder ir variando y nosotres elegir cuándo hacerlas de la manera que tradicionalmente se hacen, porque nos resulta mas amigable o es lo que tenemos ganas de hacer. Merecemos poder elegir y dejar de ir por lo establecido".

"Mis viejes lo asumieron. Ellos van cambiando y con ellos nosotras y las tradiciones mismas. De repente podemos hacer otras cosas. Mi mamá me rompió los ovarios toda la noche buena porque estaba borracha y para que deje de tomar porque «las tías te están mirando». Fue más importante mantener la imagen en vez de ver si la estas pasando bien o no".

El escape a la tradición

Algunas personas eligen viajar para tener unas fiestas diferentes. Camila, de 22, contó su experiencia a Periódicas: "El 2017 fue un año muy difícil para mi familia pero sobre todo para mi mamá y yo. Por eso decidimos irnos las dos solas a pasar año nuevo a Brasil (o Révellion, como se le dice allá a la víspera del primero de enero). Vestidas de blanco, con otra gente que no conocíamos antes del viaje, comiendo uvas y tirando una rosa al mar. Me enamoré del festejo en otro lugar y decidí que no quería que fuera el último. Al año siguiente armé mi mochila y con dos amigos el 26 de diciembre emprendimos un viaje que tenía como destino Ecuador. Año nuevo nos encontró en Potosí. Lo pasamos con una pareja de La Boca que habíamos conocido ese mismo día. Nos costó encontrar un lugar abierto para ir a comer porque claro, uno generalmente no sabe cómo son las fiestas en otro lado. Fuimos a una pizzería familiar y brindamos ahí. A la una y media fuimos a un bar escondido donde pasaban reggeatón viejo y tomaban cerveza potosina". 

"Ahora escribo desde un colectivo que está yendo a Carlos Paz. Al lado mío tengo dos compañeras de trabajo, grandes amigas que hice este año. Decimos juntas continuar mi tradición de festejar año nuevo fuera de Santa Fe. Algunas personas me preguntaban "¿No lo festejas con tu familia? ¿Tus viejos que te dicen?". Yo respondía que claro que lo pasaba con mi familia. Mi mamá, los amigos, los compañeros que conocemos en el viaje ¿Acaso no son familia? ¿No será que seguimos pensando un tipo de familia, una tradicional que está unida por la sangre, el ADN y la tradición? Quizás será hora de empezar a pensar qué es eso que llamamos familia y festejo ¿Hay una sola forma de festejar? ¿Una potosina con amigos no es un festejo?".

En familia por elección

Romina tiene 20 años y dijo: "En mi caso me invitaron dos amigas a pasar las fiestas con ellas y dije 'este año lo hago'. Pero mi papá cayó muy enfermo y me pareció que no era el momento de romper la tradición ya que probablemente sean mis últimas fiestas con él. Fui a cenar con ellos y, al contrario de lo que pensaba no me pesó sino que lo disfruté. Tal vez cuando es una elección y no un destino una puede hacer las paces con la tradición".

Marianella tiene 24 y relató que sus fiestas fueron cambiando con los años de manera rotunda por la violencia patriarcal: "De chica la magia de papá noel, los juegos con mis primos y la inocencia de la infancia no me dejaban ver que tras la familia numerosa existían maltrato, violencia, rencores, falsedades e incluso historias de abuso. En realidad, siento que incluso de pequeña leía a las personas: nunca quise acercarme al padrastro de mi mamá, siempre me generó rechazo. Además de mi lectura, ella trabajaba esa distancia entre él y yo. Y este año me enteré, que mi mamá tuvo que soportar velar por mí sin dejar que se me acerque, el tipo que quiso abusar de ella a los 12 años. Hasta que mi abuela, su esposa, falleció, y jamás lo volvimos a ver".

"Hoy mi corazón no soporta que mi mamá haya vivido años y fiestas con ese hombre. Y que también se haya sometido a maltratos de su familia política y a la exigencia de cuántos quehaceres. ¿Esa es mi familia? No, gracias, paso. No la quiero. La sangre no significa nada si te arruina la felicidad. Y llega diciembre, y los recuerdos te destruyen un poco, recordando esa mesa grande de navidad en la mi nena interior tiene ganas de sentarse, pero que esta mujer agradece tener lejos. Esta nena extraña por momentos a su papá, que siendo mujer le quiso poner fin a su machismo y comenzó a verla como una enemiga. Y así es que en estas fiestas me importa un carajo la tradición, porque para mí, detrás de la tradición hay patriarcado y tristeza, y simplemente quiero paz. Mi familia la elijo y la voy a elegir yo, y mi navidad y mi año nuevo son el abrazo de mi mamá. El abrazo de mi hermano, de mis amigues y de la gente que me saca una sonrisa y me llena de buenos recuerdos. Mi familia soy yo misma, disfrutando de mis pasiones y prestando atención a qué quiero hacer desde el goce".

"Pero a veces deseo que desaparezcan estas fechas por toda la sensibilidad y las emociones florecidas que generan en mi. Porque esas memorias que me rompieron un poquito el alma no se van. Y pego los pedazos con lucha, con una cerveza, bailando y deseando que el próximo año duela un poquito menos. Y también me lleno de orgullo y me abrazo, por seguir adelante. Y admiro a mi mamá por seguir adelante, cuando el reloj marca las doce. Quizá las fiestas para nosotras son los recuerdos de todo lo vivido y la prueba ardiente de que nos tenemos. De las batallas que vencimos".

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