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Defender la ley de Identidad de Género es cuidar la democracia

¿Cómo se construyen los derechos? ¿Son para siempre? Algunas reflexiones en torno al 11º aniversario de la ley de Identidad de Género.

 Victoria Stéfano

Autora: Titi Nicola | CC-BY-SA-4.0

Argentina cumple este año cuatro décadas de democracia ininterrumpida. Es la primera vez en su historia que atraviesa un período democrático tan extenso. No había sucedido jamás hasta acá.

En estos 40 años vimos nacer y crecer los frutos de esa democracia que supimos construir como sociedad. Movimientos de Memoria y Derechos Humanos que salieron a disputar el sentido de lo que el Estado hizo, y de lo que no debe hacer Nunca Más, los Encuentros de Mujeres, las Marchas del Orgullo, la militancia feminista.

No me imagino otra forma en que pudiéramos tener una ley de Identidad de Género que viviendo en democracia. En nuestra democracia.

Sin democracia no hubiera habido una Karina Urbina en los años 80 parada frente al Congreso de la Nación, exigiendo el reconocimiento registral de las personas trans que tenían que viajar a otros países para adecuar su cuerpo a su identidad autopercibida.

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Sin democracia no hubiéramos tenido a todas esas formidables travas con toda la furia travesti y la organización necesaria para derogar los códigos contravencionales a lo largo y ancho de nuestro país en los 90 y los 2000.

Sin democracia a Marina Quintero no se le hubiera ocurrido que podía agruparse con mujeres cis feministas para pararse frente a las detenciones arbitrarias y la violencia estatal indiscriminada contra las personas trans en nuestra provincia.

Sin democracia Victoria Alejandra Ironici no hubiera huido a Santa Fe desde su natal Tostado buscando la oportunidad que le cambie la vida, ni hubiera aspirado a conquistar un derecho como su propio nombre, ni hubiera imaginado ser la primera trabajadora pública de la provincia.

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Sin democracia no habría juicios contra los represores que buscaron exterminarnos, ni habría Educación Sexual Integral, ni ley de Erradicación de la Violencia contra las mujeres, ni Matrimonio igualitario. Sin democracia Claudia Pía Baudracco y Lohana Berkins no habrían pensado en una ley de Identidad de Género y sin eso Diana Sacayán no habría proyectado el Cupo Laboral Trans.

Para que las travestis y les trans conquistáramos hace 11 años nuestra democracia, fue necesario que la sociedad toda primero viva plenamente en democracia. Es imposible pensar en la ampliación de derechos sin ese piso inicial de libertad. Y no es momento para dudarlo.

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La salida democrática tiene una capacidad multiplicadora: lo que tenemos, lo que conquistamos, lo queremos para otres. Eso es la democracia como práctica, replicarla hasta que repare el daño que se hizo cuando la democracia no era la base del entramado social. En nuestro caso, seguirla replicando hasta que repare a las viejas travas y trans que no la vieron en su plenitud y nos la legaron, y hasta que alcance a las niñeces que nos sucederán.

Hoy que se nos presentan momentos realmente cruciales para nuestra institucionalidad y para la base del sistema político y social, celebremos la ley defendiéndola, en cada espacio, en cada institución, en cada urna.

Defender la ley de Identidad de Género es defender a la democracia. Defender la democracia es defender nuestras vidas. Hagamos democracia en defensa propia.