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La ruta de la Berkins, la travesti inolvidable

A 4 años del paso a la inmortalidad de la inmensa Lohana Berkins, reconstruimos parte del legado que dejó una de las militantes y teóricas feministas más importantes de la cuarta ola en Argentina. Conversamos sobre esto con Claudia Korol y Leandro Wolkovicz.

Autora: Gisela Curioni

Claudia Korol es integrante de Feministas del Abya Yala, una de las compañeras encuentreras de la Comandanta de las Mariposas y una transfeminista como pocas. También es educadora popular, comunicadora y, en mi visión personal, una ingeniera, de esas que hacen rutas, de las que borran fronteras, de las que acortan las distancias, de las que construyen feminismos plurinacionales para la emancipación de los pueblos.

Leandro Wolkovicz es estudiante de Ciencias Políticas y, en breve, se recibirá de licenciado con su tesis "Teoría política del travestismo. Identidad, política y ciudadanía travesti en el discurso de Lohana Berkins". Es militante LGBT, artista, y mi amiga. 

Un dato no menor para quienes lean estas entrevistas es que se construyeron en simultáneo pero a kilómetros de distancia y en una sincronicidad, como la de las alas de las mariposas villeras, se fueron encontrando todo el tiempo. 

-¿Quién es Lohana Berkins?

-Claudia Korol: Es una activista travesti, feminista, comunista, abolicionista, que trascendió todas las fronteras. Es la compañera de vida de muchas de nosotras. Es la loca que empujaba los límites de la fantasía y de la imaginación inventando cada día nuevas aventuras colectivas que ayudaran a dignificar la vida de la comunidad travesti, a mejorar la lucha feminista despojándola de dogmas biologicistas, a revolucionar a las y los comunistas con su lucidez y su creatividad. Para mi fue también la amiga entrañable que me enseñó modos de lealtad en los afectos que hasta hoy perduran como compromisos. Lohana fue y es un ser único, controvertido, exigente, que me acompaña en cada lucha feminista en la que siento su presencia y su ausencia como heridas y como caricias. 

-Leandro Wolkovicz: Pienso que fue una militante muy completa. Sabía actuar como dirigenta pero también sabía actuar como militante. Entendía cuando era el momento de construir y cuando era el momento de provocar. En su pensamiento y en su práctica política logra conciliar conceptos aparentemente contradictorios como constructora de comunidad, constructora de consensos, y también provocadora y rupturista, que fue como la clave de la acción política del travestismo. Además de todo esto, era también una intelectual. Ella logró expresar y poner en palabras el sentir de toda una comunidad y darle sentido político, y lo hizo con un refinamiento intelectual, teórico, práctico, en el sentido de praxis, que la verdad que es llamativo, y no por nada se la considera una figura tan importante y en cierto sentido fundacional del movimiento LGBT en Argentina y de la región, porque también impactó a niveles que trascienden nuestro territorio.

-¿Cómo se conocieron?

-CK: Ella era amiga de mis amigas feministas y nos fuimos encontrando en muchas andanzas. Participamos juntas de muchos encuentros. Recuerdo anécdotas muy divertidas en Salta, en San Juan, en Rosario.

-¿Qué sostiene Lohana sobre el feminismo?

-LW: Lohana siempre se reivindicó como feminista. Ella siempre decía que el feminismo le había cambiado la cabeza y le había cambiado la vida. Para ella el feminismo fue lo que le permitió ponerle sentido a un montón de experiencias que ella ya sentía y a un montón de cuestiones que ya experimentaba, como organizadora comunitaria y como referenta política, y el feminismo le permitió darle esa puntada que le faltaba. A la vez ella era muy crítica también. En ese momento el discurso feminista más hegemónico era muy biologicista; basaba la pertenencia al feminismo en categorías biológicas, genitales; y ella justamente con quien más tuvo afinidades dentro del feminismo fue con el feminismo lésbico, porque también se había planteado cómo empezar a re-enfocar y deconstruir al sujeto político del feminismo; la mujer pero la mujer definida cómo, y de ahí a las mujeres como sujetas que encarnaban una realidad que era cambiante y era posicional, pero no como algo estático sino un entrecruzamiento de distintas situaciones. Hasta finalmente pasar a defender al travestismo como una identidad de género por derecho propio pero asimismo perteneciente legítimamente a lo que era el feminismo. Si hoy en día se habla de nombrar a los espacios feministas como de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans es en parte por ese impulso de reconocimiento concreto de la identidad y como herencia de esa visión del feminismo lésbico que dice ‘las lesbianas no somos mujeres’ de Monique Wittig.

-¿Cómo era su participación en los encuentros de mujeres?

-CK: Recuerdo sus intervenciones en los talleres sobre aborto. La recuerdo megáfono en mano agitando consignas en las marchas. Recuerdo nuestras charlas en el Encuentro de Mar del Plata, esperando a Diana Sacayán. '¿Qué pasa que Diana no contesta el llamado?'. La recuerdo sobre todo en uno los primeros encuentros, a los que no iban todavía otras travas, haciendo oír su voz como parte de las alianzas feministas y de los puentes que ella siempre creaba.

-¿Qué lugar ocupa en la ruta de la Berkins, en su itinerario político, la militancia social?

-CK: Lo era militante social, militante política. Era revolucionaria y todo lo que tocaba lo revolucionaba. Era sorprendente su capacidad de diálogo con compas de distintos movimientos y posiciones políticas. Ella tenía la convicción de ocupar todos los espacios posibles y lo hacía, pero no negociaba sus convicciones, ni renunciaba a sus afectos. Amó a la Revolución Cubana y ahí tejió alianzas para mejorar la vida de sus hermanas travestis, lesbianas, gays; para sacudir el travesti-odio, y todas las manifestaciones de odio a lesbianas, gays, trans.  Estuvo presente en diálogos con movimientos piqueteros, charlas en la Universidad de las Madres, diálogos en los Seminarios de América Libre, y en distintos espacios que la convocaban. En cada participación buscaba cómo usar su ingenio para conmover, desafiar, generar incomodidades, que contribuyeron a pensar y desarmar las certezas.

-LW: Me parece que Lohana va navegando entre estos conceptos aparentemente contradictorios y eso es lo que reconocía y sabía utilizar. Estaba muy anclada en la realidad de la vida de su comunidad, que eran las travestis, iba entretejiendo, entrelazando distintas formas de militancia. Por las cosas que, sobre todo, se pueden entrever en sus textos, lo que ella hacía era, por un lado, el trabajo de base, con las mismas compañeras; pero también promovió las relaciones con otros movimientos. Siempre reivindicó a las travestis activistas, vengan de donde vengan, y veía como algo saludable y que era signo de democracia y ampliación del movimiento que haya distintas posturas. Era una defensora de la unidad, tanto al interior del movimiento trans como al exterior, con movimientos que ella sentía aliados y hermanados por la opresión; los movimientos obreros, los movimientos feministas, los movimientos gay-lésbicos. Su activismo también tenía otros dos pilares: la incidencia política y la intelectual. Ella dice ‘nosotras estamos en contra de toda institucionalidad por principio pero sabemos que no es lo mismo para la vida de una persona pasar por una institución o estar completamente aislada’, entonces la incidencia política en el estado y en las instituciones de la sociedad civil tiene que ver con entender que por ahí pasaba la posibilidad de tener otra vida.

Siempre reivindicó a las travestis activistas, vengan de donde vengan, y veía como algo saludable y que era signo de democracia y ampliación del movimiento que haya distintas posturas.

Wolkovicz continúa: "Una frase que sintetiza esa idea, que me dijeron otras travestis que decía Lohana es: ‘cuando nosotras recibimos algo, no es un regalo del Estado, sino que son cuestiones que nos corresponden por derecho propio, el Estado no nos está regalando nada, esto era nuestro y nos lo habían sacado’. Ella tiene esa noción de justicia hasta de cierto sentido redistribucionista del papel del Estado. Pero su militancia también tiene que ver con articular discursivamente, intelectualmente, toda esta lucha, toda esta construcción, esta resistencia de una comunidad. Ella dialogaba con la academia y valoraba que construya sus saberes ‘escuchándonos’, decía. Lohana traducía los sentires de la comunidad y los plasmaba en el ámbito académico donde ella sabía que iba a ser bien valorados y bien recibidos, justamente en la academia crítica, feminista, queer, esa pata aliada dentro de la academia; así como discutía y destrozaba a la academia corporativa como puede ser la medicina, la psicología, la ciencia jurídica. Tenía un activismo decididamente en lo intelectual también".

Lohana fue fundacional en muchísimos aspectos, pero particularmente su posición frente a la prostitución fue paradigmática ¿Cómo explicarías esa posición?

-CK: Lohana era activista abolicionista. Consideraba a la prostitución como explotación sexual y buscó crear alternativas laborales para la comunidad travesti trans como la Cooperativa textil Nadia Echazú. También buscó crear conciencia de los daños que la prostitución genera en los cuerpos de mujeres y travestis. Por ello insistió en políticas de prevención en salud. Hasta sus últimos días denunció que la enfermedad que ocasionó su muerte era consecuencia de la prostitución. Abrió caminos en el acceso a  la educación, el trabajo, la salud, para la comunidad travesti y se opuso activamente a las políticas públicas reglamentaristas. Pero no aceptaba el enfrentamiento con las compañeras que se reconocen como trabajadoras sexuales. Por eso compartimos, también con Diana Maffía, la iniciativa de generar un diálogo entre protagonistas, mujeres y travestis en prostitución y trabajadoras sexuales. Este diálogo fue publicado luego por las editoriales América Libre y Feminaria. Lohana pensaba que no podía ser que el único destino para las travestis fuera la prostitución y la muerte temprana, la violencia de los proxenetas, de los prostituyentes y de la policía. Por eso generó iniciativas que permitieran crear alternativas de vida, y denunció los modos en que se entrelazan las redes de trata, las redes de prostitución y la explotación sexual de niñas, niños y niñes. También trato de sensibilizar a los y las adultas sobre las consecuencias de la expulsión de los hogares de niñas y niñes travestis y trans.

-LW: Relacionado íntimamente con la prostitución, cuando Lohana aborda la salud de las travestis, su reflexión es ‘¿cómo no se va a operar con lo que tenga a mano una travesti que arma su cuerpo de la mano del deseo prostibulario?’. Las modificaciones corporales las percibía como condicionamientos estructurales propios de que no tenían otra forma de subsistir, entonces no las responsabiliza a ellas sino al sistema y eso tiene mucho que ver con la visión que ella tenía de la prostitución. La concibe primero como un condicionamiento estructural, que ese es el concepto en el cual ella coincide con el abolicionismo, porque pone el acento en cómo hasta el mismo deseo de las travestis esta condicionado por un sistema, el sistema prostituyente, que es básicamente una de las caras del patriarcado; entonces si vos sos capaz de poner en juego tu vida y tu salud por tener un determinado cuerpo es porque estas alienada. La travesti aliena su cuerpo para agradar al sistema, le da su plusvalía corporal al sistema. Y eso se le agota a los 35. Y en ese sentido, de la mano de este concepto, es imposible pensar  en la posibilidad de elección. ¿Cómo puede elegir algo el 90 por ciento de un grupo poblacional? Hay algo que no está funcionando entonces. Claro que el acento de ella iba a estar en cómo podemos hacer para ser médicas, abogadas, atender un kiosco, un banco, ser enfermeras y ser todo. Entonces además de esta concepción de la prostitución como condicionamiento estructural, Lohana también comprende, y esto me parece que es su mayor particularidad, que la prostitución era una estrategia de supervivencia. Y en esto también va a definir una forma de pensar al abolicionismo que se aleja mucho de la visión más hegemónica que viene asumida desde esta posición. Ella entendía que para muchas travestis era una estrategia de supervivencia, pero siempre puso el énfasis en que justamente la trampa consistía en que al ser una elección condicionada por la alternativa de morir, nunca podría ser una decisión libre, pero a la vez dejaba abierta la puerta a pensarlo como una decisión en contextos de opresión, de aniquilación de la voluntad, pero al final una decisión. ‘La que está en la esquina no es una enemiga, pasa lo mismo que yo cuando la policía nos caga a palos. Y la policía  no se pregunta “Ah esta es libertaria, no la voy a cagar a palos”, nos caga a palos igual’, dice Lohana. En el libro “Prostitución-Trabajo Sexual. Las protagonistas hablan”, ella dice que en una ocasión estaban en un bañito, con Elena Reinaga, que era la Georgina Orellano de esos momentos, escondiéndose de la policía. Y ahí mismo se dieron cuenta: ¿cómo podía ser que ellas estuvieran tan enfrentadas si al fin y al cabo pasaban por las mismas cosas? Y eso me parece de lo más lindo que tiene Lohana, a la vez que vuelve a ser un reflejo de este pensamiento unificador o de síntesis, de ese espíritu como de condensación y en eso reside también su complejidad y su anclaje en la vida real de los sujetos, de las sujetas; una materialista histórica.

-¿Qué lugar ocupa el amor en la construcción discursiva de Lohana Berkins?

-LW: Lohana se preguntaba mucho sobre el amor de las travestis en las columnas que escribió para Página 12, donde se permitía salir del libreto político-militante y hacer hasta reviews, críticas sobre obras o películas; y ella habla de Priscila la Reina del Desierto, que era como una historia de amor paradigmática, sumida en toda esta estética marica de los años 80 y toda la cosa despampanante. Y dice ‘al fin y al cabo qué pocas historias de amor hay sobre nosotras’. No lo dice así exactamente en estas palabras pero se pregunta: ‘¿cómo es el amor travesti? no está construida nuestra cotidianidad, como es levantarse todas las mañanas al lado de una otra, de un otro’. Ella recupera la idea de condicionamiento estructural que expone cuando reflexiona sobre la prostitución y dice ‘¿cómo podremos volar libremente si nuestras alas están atadas al deseo prostibulario?’. Ella sostenía eso: ‘nosotras tenemos una moral victoriana del horror porque entre medio de toda la miseria y toda la desgracia pensar en enamorarnos de los pajaritos nos pareció una banalidad, entonces estamos así, como negadísimas’; pero a la vez había toda una fascinación con el amor que muchas veces llevaba a dar todo por el chongo. Inclusive dice Lohana que ‘las travestis tenemos una posición infantilizada frente al amor y a la vez nos ponemos muchas veces como proveedoras frente al chongo’, y que tenía que ver con tener impregnadas esas formas del patriarcado que tenían muy claro cuál era el lugar de las travestis. ‘Si no es en la esquina nosotras no cotizamos en la mercadotecnia del deseo’, dice ella. Los tipos para desearlas y para tener algún atisbo de socialización de ese deseo, porque siempre estaban como en lo oculto, muchas veces iban de la mano de una negación. Lohana dice ‘para aceptarnos nos tenían que negar’, ¿qué decían entonces? A mi me parece una mujer, para mi es una mujer. Y es como ‘no, no me ames en mi negación’, y de ahí viene el texto “Si me querés, quereme trava”. Y allí reside esto del travestismo como tercer género, en reconocer la realidad particular y la experiencia diferencial concreta que es vivir como travesti, no como decir somos un tercer sexo que tienen un espíritu diferente, no, reside en la experiencia vital concreta, sobre todo en el amor. Entonces, dice Lohana, parafraseando a Simone de Beauvoir, ‘el día que la travesti pueda amar con su fuerza y no con su debilidad será para ella fuente de vida y no un peligro mortal’. Creo que Lohana invitaba a repensar la cotidianeidad sin moldes preestablecidos, patriarcales, con eso de que la identificación con lo socialmente femenino, no me encuentre reproduciendo los lugares más en desventaja que tienen como mandato las mujeres; y no pensar esa cotidianidad frente a un nuevo modelo preexistente, predeterminado, pretendido moralmente superior, como puede ser por ejemplo el poliamor o la pansexualidad. Ella decía ‘imaginémonos otras formas; todavía lo tenemos que imaginar’.

-¿Cual es el legado de Lohana para travestis y trans?

-CK: Ella mostró con su ejemplo que es posible romper los límites que impone el sistema heteropatriarcal a los cuerpos rebeldes y vivir con orgullo la corporalidad y la sexualidad elegidas, sin renunciar por ello a los derechos que todas, todos y todes tenemos como seres humanos: trabajo, estudio, vivienda, salud, recreación. Y no renunciar tampoco al deseo, a la libertad. Enseñó que para ello hay que organizarse y romper tabúes en los movimientos populares que todavía son patriarcales, machistas, racistas, llenos de prejuicios discriminatorios. Nos enseñó a volar alto, a tener el coraje de ser mariposas, a pensar y sentir los dolores del mundo con la decisión de cambiarlos. Por eso está hoy tan presente en nuestras luchas feministas, agitando e imaginando todas las revoluciones. Ella amaba a Cristina, pero eso no le impedía ser crítica de las políticas del kirchnerismo cuando lo consideraba necesario. Jamás se volvió obediente. Siempre le jugó al compromiso y la lealtad con la comunidad travesti y con los feminismos que están plantados en el corazón de los pueblos. Era parte de la marea verde, de la Campaña por el Derecho al Aborto, y la imagino en estos días en las calles luchando para que sea ley. Como salteña y norteña, amante de la Virgen de Urkupiña y del Che, la imagino condenando al Golpe de Estado racista y patriarcal en Bolivia y la violencia desatada contra las mujeres de pollera y las cholas. La sentí muy cerca de todas las que en el Encuentro de Trelew y en el de La Plata levantamos las banderas plurinacionales y defendimos que el encuentro fuera de mujeres, lesbianas, travestis, trans y disidencias. No se si como comunista anticapitalista celebrará ver su imagen en un billete de 50. Creo que si lo hiciera diría: "¡mínimo el de mil!"

A la eterna memoria de la Comandanta, y de todas las travas que nos arrebataron.

Autora: Victoria Stéfano, militante trava
Edición: Ileana Manucci
Ilustración y fotos: Gisela Curioni
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