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10 años sin Natalia Acosta

La joven desapareció en mayo de 2009.  El único imputado por la desaparición de Natalia murió en la cárcel de Las Flores días antes de presentarse a declarar nuevamente. Facilitamiento de la prostitución, poder político y desaparición forzada son algunas de las carátulas que rodean la  desaparición de Natalia. Cómo es la lucha cotidiana de sus padres para que la causa no caiga en el olvido.

El papá de Natalia sosteniendo su foto. Foto: Flor Torres

Natalia Acosta desapareció hace 10 años. Era prostituta, por eso a nadie le interesó si fue secuestrada por una red de trata o si su desaparición estaba relacionada con empresarios de la noche con socios politícos de la ciudad de Santa Fe. O que había sido víctima de violencia de género por parte de su pareja. O que su familia, de origen humilde, fue una de las miles de víctimas del crimen hídrico de 2003.

Cuando desapareció, sus padres iniciaron una lenta y solitaria lucha contra la desidia del Estado, las redes de poder detrás de los prostituyentes, la lentitud de la Justicia. Cómo fue el recorrido de una sobreviviente, a quien la sociedad santafesina le dio la espalda desde mucho antes de desaparecer.

Donde la ciudad termina, o empieza

Los Acosta llegaron a una humilde propiedad junto a la Circunvalación -sobre la calle Raúl Tacca- hace 30 años, justo un año antes de que naciera Natalia y con el varoncito que todavía usaba pañales. María Cristina Balán (o Mary, para quienes la conocen), estaba separada y con tres hijos de su matrimonio anterior (uno fallecido hacía un año). Él, Ariel Acosta, viudo y con otros cuatro hijos. Una familia ensamblada que afrontaba las pérdidas como si el destino los pusiera en una incomprendida encrucijada.

Luego de haber pasado por una desafortunada venta de terrenos, lograron dar un revés -a fuerza de reclamos- a la Municipalidad, y en pleno surgimiento del Movimiento Los Sin Techo consiguieron una pequeña propiedad, no más de cinco metros cuadrados y apenas unas chapas sueltas para armar el rancho detrás del barrio Centenario.

Orgullosos cuentan el paso a paso de la construcción y la airosidad con la que salieron de cada prueba. O al menos, de casi todas. La cuadra donde vive la familia comienza donde finaliza el pavimentado. «No nos cansamos de decir que vivimos en la última calle de la ciudad, aunque puede ser la primera. Depende de cómo la quieran ver», dice entre risas Mary.

Hace 30 años el barrio no era lo mismo que ahora. Llegaban a ser sólo unos 200 metros a la redonda y eran pocas las manzanas con escasas y humildes edificaciones. Los ranchos se fueron asentando con el pasar de los años, ranchos que soportaron las inclemencias del tiempo, desde vientos huracanados hasta el paso de la inundación sufrida en 2003.

El agua que todo lo arrastra

La nostalgia los puede y Mary se levanta a buscar el álbum de fotos del sencillo cumpleaños de 15 que le hicieron a Natalia. “Le tratamos de hacer su cumpleaños porque viste que los 15 se cumplen sólo una vez y lo hicimos con mucho sacrificio”, dice Balán casi tarareando un viejo dicho popular.

La inundación de  2003 fue el principio de un cambio rotundo para la familia. Pasaron varios meses hasta que pudieron regresar a casa. Ellos sostienen que la miseria vino después, la crisis se hizo presente y recomponerse fue duro para todos. Natalia había dejado la escuela y comenzaba a mostrarse como toda una adolescente rebelde. “Buenaza pero un poco terca”, agrega Ariel.

Natalia comenzó a salir con Eduardo, su ex pareja y se mudaron pronto a una casita en Santo Tomé. Ahí empezaron los verdaderos problemas. La joven debía trabajar porque su pareja se refugiaba en la casa por tener problemas con la ley. Natalia era víctima de violencia de género por parte de su concubino, quien no sólo la obligaba a trabajar en la calle sino que también la forzaba a guardar silencio sobre esto. De a poco empezaron a notar marcas en el cuerpo de su hija. Intentaron sacarle palabras, pero siempre ponía excusas, que eran «golpecitos», una cosa u otra. Naty, como sus cercanos la llamaban, tenía 21 años cuando su familia perdió contacto con ella.

Natalia, el sostén económico

Natalia ejercía la prostitución desde hacía tiempo. Había pasado por “El Stud” (que estaba ubicado en Lisandro de la Torre y 25 de Mayo), cuyo dueño, Juan Carlos «Pelusa» Cisneros terminó condenado a cuatro años de cárcel por promoción y facilitamiento de la prostitución. «Yo sospechaba de su trabajo, pero nunca se habló del tema en la casa. Al tiempo lo confirmamos. No podíamos decirle nada, ya era grande, aunque un poco nos dolía”, dice la madre.

En 2009 la joven tenía su propia parada en aquella reconocida esquina del microcentro. Siempre eran tres: ella, la hermana de su pareja y la mujer de un primo de su pareja. Habían acordado cuidarse entre sí y sabían bien los movimientos de las demás porque se mantenían al tanto. Hacía tiempo que Natalia Acosta se había «independizado» y solo trabajaba en la calle. Sus logros y recaudación se hicieron notorios, por lo que era vista como un buen “recurso de ingresos” para cualquier proxeneta.

La desaparición

La joven fue vista por última vez el 29 de mayo de ese año en la esquina de 25 de Mayo y Suipacha, a media cuadra del local nocturno Místico. Ese espacio funcionó hasta 2016 en pleno centro santafesino y era promocionado en folletería oficial de la Secretaría de Turismo de la Municipalidad de Santa Fe bajo el rubro “diversión” bajo la gestión de Mario Barletta. Marcelo Boscarol -hermano de los ex diputados de la UCR (Alejandro y Darío Boscarol)- y Juan Carlos Cisneros eran los dueños de Místico. Además, Cisneros afirmó en 2009, cuando fue indagado por primera vez, que el tercer socio del cabaret era Oscar Burtnik, actual camarista de la provincia y confirmó la participación de Cerri. A pesar de que el antiguo prostituyente de Natalia era dueño del lugar y que la joven fue vista por última vez a media cuadra de allí, los funcionarios judiciales desestimaron desde un primer momento este nexo como posible camino para ampliar la investigación. La fiscal de turno en el 2009 era Cintia Gómez, quien habiendo tenido pruebas no profundizó la investigación.

La investigación arrancó (luego de ocho años)

Durante mucho tiempo la causa permaneció dormida en la justicia ordinaria. Siempre hubo dos causas: averiguación de paradero en el fuero local y trata de personas en el federal. Ambas abiertas desde el 2009. A fines de 2016, la investigación estuvo en nuevas manos y  avanzó como nunca antes . Su único procesado estaba en la mira nuevamente. Si bien el celular de la víctima quedó a disposición de la justicia desde 2009, recién ahí se realizaron cientos de cruzamientos de llamados telefónicos para obtener declaraciones. El fiscal federal Walter Rodríguez fue quien reactivó la investigación.

Así fue que en noviembre de 2017 se llegó a detener a Osvaldo Cerri, quien en 2009 trabajaba como “relacionista” de Místico. Rodríguez pidió su procesamiento por considerarlo responsable de la captación de Natalia y fue indagado y procesado por el juez federal Francisco Miño. El acusado reconoció que trasladó a la joven al local nocturno la noche en que se la vio por última vez, aunque negó ser responsable de su desaparición. Su testimonio sigue manteniéndose intacto.

El único detenido: muerto

Osvaldo Cerri tenía 58 años, era el único procesado hasta el momento y estaba en prisión preventiva desde diciembre de 2017. Fue encontrado sin vida en su celda el sábado 13 de abril del corriente año. Desde el Ministerio de Seguridad detallaron que Cerri presentaba un cuadro cardíaco crónico. Se encontraba en la cárcel de Las Flores y, para los primeros días del mes de mayo debía presentarse nuevamente a prestar declaración. Pero murió y la causa parecía llegar a su fin.

El juez Rodríguez afirmó que el deceso de Cerri no pone fin a la investigación, aunque lamentó el hecho, dado que Cerri tenía información concreta sobre la desaparición de Natalia. Explicó que la causa continúa vigente y que seguirá citando a declarar cuántas veces sea necesario a los implicados y testigos de la desaparición de Natalia.

Padres e investigadores

La familia de Natalia sigue sosteniendo que la joven es víctima de una red de trata de personas y exigen su aparición. “El fiscal Rodríguez es el primero que nos da respuestas. Lo que no se hizo en ocho años, él lo hizo en dos y hasta hubo un detenido”, valoró María Cristina, en diálogo reciente con la prensa en una conferencia abierta a la comunidad en la vecinal Los Sin Techo.

“Queremos que todos los que están involucrados vayan presos. Tanto la ex pareja de Natalia como Boscarol, Cisneros, Burtnik y otros más. Todos”, reclamó el padre de la joven,  quien manifestó también que en la familia tienen dudas y sospechas en torno a la muerte del único acusado. “Aún no hay resultado de la autopsia, algo que se hace en pocos días. No queremos que cremen el cuerpo porque todavía no sabemos bien qué paso”, aseveró.

María Cristina retomó la palabra para asegurar que no van a dejar de pedir justicia: “Siempre vamos a estar al pie del cañón. La vamos a seguir luchando hasta que aparezca Natalia, como sea que aparezca. Vamos a seguir hasta el final, caiga quien caiga”, manifestó.

«No queremos que la olviden»

Periódicas visitó la casa de los Acosta en Villa Centenario. “La casa es humilde pero les abrimos las puertas con mucho cariño. No queremos que se olviden de Natalia”, expresó Ariel mientras preparaba el mate. Tiene en la mesa una libreta donde toma nota de todo lo que pueda aportar a la charla para no dejar ningún detalle afuera. ”Son los años, me olvido de todo”, dice mientras sonríe.

Natalia era el motor de la familia. “Ella mandaba y deshacía a su antojo”, recuerda María Cristina. “Siempre estaba pendiente de que no nos faltara nada, sobre todo a su hermana menor a quien todavía le cuesta mucho hablar de Natalia con naturalidad. A veces guarda las fotos. Sobre todo esa”, agrega Mary señalando la foto que se suele ver en cada marcha pidiendo por su aparición.

“Natalia era puro amor, un sol de hija y hermana, no tenía problemas con nadie y siempre se preocupaba por el resto de la familia. Llegaba a casa y repartía besos para todos y después nos sentábamos a tomar mates. Cómo hinchaba para que ponga la pava para tomar mates”, agrega nostálgico Ariel, mientras desvía la mirada para evitar emocionarse. Su ausencia se sigue sintiendo.

A lo largo de este camino, Mary y Ariel se vieron obligados a tocar cientos de puertas cambiando su rol de padres afligidos al de investigadores o detectives cuando la justicia se cruzó de brazos. Todavía no logran descifrar si fue el estigma social con el que se encuentran señalados -familia humilde trabajadora- o fue simple falta de empatía por parte del Estado.“Siempre me la imagino entrando por esa puerta con sus extensiones prolijas y con la mirada con la que la vi esa última vez con sólo 21 años, diciéndome: más tarde vengo a tomar mates, viejita».

«Yo tengo mucha fe, conocí mujeres que lograron escapar o fueron rescatadas de una red de trata como fue el caso de Alika Kinan o el de Graciela Collante. Imagínense, 16 años desaparecida y lograron rescatarlas. Mirá si no voy a tener fe. Es lo único que me queda para no morir de tristeza. Tengo otros hijos por los que pelear también y ya no quiero perder más nada. Cuando Natalia vuelva nos va a encontrar más viejitos pero firmes y acá vamos a estar. No me importa si viene con hijitos de cualquier color o si viene con que le gustan las mujeres, no me interesa…yo quiero encontrarla. Ahora va a encontrar una mamá re feminista”, dice Mary con la mirada cargada de lágrimas entre risas.

El viento azota con furia una de las viejas chapas del humilde techo de la familia Acosta. Por la precaria ventana, con algunos vidrios por reparar, se empiezan a perder las luces de los autos que transitan por Circunvalación. El aguacero se vuelve incontrolable y los arboles parecen querer salir corriendo llevándose todo a su paso. La lluvia se acopla con las lágrimas de Ariel, quien ya no las puede controlar y no logra levantar la mirada. El silencio inunda la sala y sólo se escuchan las chapas. Mira hacia el costado sosteniendo una desgastada foto de Natalia, su “Naty” con la que muchas veces se peleó pero con quien mejor se entendió. Tarea difícil es intentar calmar la angustia de una familia que no duerme pensando si su hija se encuentra bien.

A la familia se le acabaron las palabras, les sobra dolor y  les sigue faltando Natalia. La esperan en su casita, esa que claramente no está en la primera calle de la ciudad, sino en la última.

 

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Jueves 30 de mayo a las 9
25 de Mayo y Suipacha