Históricas

Norma y Cachita, las bien queridas

Se cumplen nueve años del matrimonio de Norma y Cachita, la primera pareja de lesbianas en casarse en Argentina y Latinoamérica. Periódicas hace un breve repaso de esa historia de amor, que duró 39 años.

En abril de 2010 pasaba en Argentina algo bastante parecido a lo que vivimos el año pasado con el debate sobre la legalización del aborto: el tema estaba en todo los medios de comunicación, había marchas, charlas, encuentros, las organizaciones del colectivo LGBTI tenían puestitos en las peatonales y costaneras para informar y juntar adhesiones.

En esos días comenzó a hablarse abiertamente de homosexualidad en las mesas familiares, en las escuelas y, claro, en las iglesias. Tal como sucedió con el aborto, desde los púlpitos los representantes de los diferentes credos llamaban a oponerse a este «plan para destruir la familia». El movimiento que se generó para frenar la sanción de la ley de matrimonio igualitario, vestía de naranja y proclamaba «queremos papá y mamá». En sus marchas, multitudinarias claro, anunciaban casi un apocalipsis: dejarán de nacer niños, después de esto van a legalizar la pedofilia y la zoofilia, se extinguirá la especie, y hasta el por ese entonces obispo de Buenos Aires, Mario Bergoglio, hoy el Papa Francisco, llamó a una «guerra de Dios» ante la avanzada de vaya a saber qué.

En ese panorama, donde activistas formados y formadas se enfrentaban en debates imposibles con personajes como los diputados Olmedo -si, ya en ese entonces andaba con su campera amarilla destilando  ignorancia- y Cynthia Hotton, o la senadora Liliana Negre de Alonso, que temía por el tráfico de esperma, una historia de amor apareció para romper todos los discursos de odio que encadenaban automáticamente la homosexualidad con la promiscuidad y la perversión.

La historia de un amor

Norma Castillo y Ramona «Cachita» Arévalo se conocieron en La Plata en 1971, cuando ambas tenían 28 años y estaban casadas con dos colombianos, que eran primos entre sí. Fue un simple encuentro y no se vieron más. Durante esos años y los que siguieron, en los inicios de la dictadura, Norma militó en diversas agrupaciones y cayó presa un par de veces. Cuando no aguantó más, se exilió en Barranquilla. Cachita ya estaba viviendo en Colombia con su marido.

«Nos volvimos a encontrar en Colombia, estábamos sentadas en un auto, yo me le acerqué y le di un mordisco pequeño en la oreja», cuenta Norma en una entrevista. «Y a mí se me prendió fuego el estómago», responde Cachita. «Ahí nos reconocimos». 

Foto: Daniel Pessah

Después de ese momento comenzó una amistad que fue tal hasta que pudieron entender y reconocer que ese fuego en el estómago era otra cosa. Norma ya tenía asumido, para sí misma, que era lesbiana, pero seguía casada. Cachita recuerda que algunas veces no tenía ganas de estar con su marido, pero «nadie me había preguntado si quería saber algo con una mujer. Pero me gustó ella y me enamoré». 

La primera cita oficial fue en 1979 y desde ahí nunca más se separaron. Se enamoraron y vivieron su romance en la clandestinidad, hasta que Cachita se separó y Norma quedó viuda de su marido. Con el correr de los años y el crecimiento del movimiento LGBTI en Colombia, Norma y Cachita comenzaron a vivir su amor tan libremente que hasta se dieron el gusto de abrir su propia disco gay en Barranquilla.

En 1998 volvieron a Argentina y comenzaron a militar en organizaciones de diversidad sexual. Como parte de esa militancia se sumaron a la campaña por el matrimonio igualitario y presentaron un amparo para que el Estado argentino reconociera su pareja como matrimonio. El 9 de abril de 2010 la jueza Elena Liberatori las casó por Registro Civil en Buenos Aires. Así, a los 68 años y luego de más de tres décadas de amor, se convirtieron en la tercera pareja gay casada en Argentina pero la primera de lesbianas, título que también ostentan a nivel latinoamericano.

Anular el amor

Pero la historia no terminó ahí. Por aquellos días, la Corporación de Abogados Católicos, con el empuje de Bergoglio, apelaban cada fallo que autorizaba a parejas gay a contraer matrimonio. Una semana después, la jueza civil nacional Martha Gómez declaró la nulidad de la unión.

La jueza Liberatori, una aliada de esos días, respaldó a la pareja y desechó la anulación del matrimonio. Pasaron algunas semanas y entre abogados y estrategias judiciales, llegó esa madrugada helada del 15 de julio de 2010 en la que se sancionó la ley de matrimonio igualitario. «Estuvimos hasta las 5 de la mañana con un frío que nos moríamos, pero cuando se dio estábamos tan felices», comentó Cachita en aquel momento.

Lejos de quedarse quietas, el activismo y militancia no terminó con la sanción de la ley. A finales de 2015 Norma se convirtió en la presidenta del primer centro de jubilados para lesbianas, gays, bisexuales y trans (LGBT) de Argentina y probablemente del mundo. “Ojalá llegue el día en que podamos ir a cualquier centro de jubilados y no sentirnos como si fuéramos raras. El centro Puerta Abierta es una forma de visibilizar nuestro orgullo por la elección de vida que nos hace felices, donde podemos compartir nuestras experiencias y sentir que no somos las únicas a las que les pasa. Somos como una familia”, le dijo por aquellos días Norma al portal Infojus Noticias.

Además la pareja, cuando volvió a Argentina, abrió un centro cultural en el barrio Parque Chas, lo llamaron «Socavón» y tenían talleres de cerámica, herrería, carpintería, literatura, guitarra y canto. El espacio funcionó hasta septiembre de 2018, cuando el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires las desalojó y quedaron en la calle.

Un mes después de ese hecho, el 26 de octubre, Ramona “Cachita” Arévalo falleció a los 75 años. Norma no pudo asistir a la ceremonia en el cementerio de la Chacarita. Se había ido el amor de su vida.

En una de las tantas entrevistas y documentales que recogen esta historia de amor, Norma dice: «La última cosa que yo voy a tener en mi cabeza antes de morir va a ser cuando ella me dijo ‘si, quiero'». A su lado Cachita se ríe, mientras su esposa le toma la mano y la besa. «He vivido muy feliz, muy bien acompañada, muy bien querida», devuelve con una profunda ternura Cachita.

Viendo sus videos y entrevistas es difícil distinguir cuál es cuál. «Somos Norma y Cachita», decía siempre alguna de las dos. Esos nombre casi como si fueran uno sólo son ya parte de la historia y el camino recorrido en pos de la igualdad y el reconocimiento de derechos en nuestro país y el continente.

Norma y Cachita se animaron, alentadas por su amor inmenso, a sacar al lesbianismo en la vejez del clóset. Fue eso, la primera pareja de abuelitas tortas que conocimos y que nos mostró, en un momento de fuego cruzado, de rechazo hacia nuestras formas de amar y vivir, que sólo se trata de eso, de amar y vivir, de dejar amar y vivir. Por eso celebramos, hoy y siempre, la valentía, la ternura y el  amor eterno de y para estas dos hermosas mujeres.