Una biografía personal se vuelve acción política para transformar el rol y la participación de las mujeres investigadoras en el mundo de las matemáticas. Charlamos con Liliana Forzani, primera presidenta mujer de la Unión Matemática Latinoamericana y una de las pioneras en impulsar acciones de género en matemática a nivel nacional.

Argentina, año 2008. La Dra. Liliana Forzani, investigadora de la Universidad Nacional del Litoral y del CONICET, gana el premio nacional L´Oréal UNESCO “Por la mujer en la ciencia” y recibirá 20 mil dólares para financiar su proyecto de investigación titulado “Reducción suficiente de dimensiones: teoría y aplicaciones”.
Forzani entra a la cena de premiación de este importante reconocimiento, le indican cuál es su mesa y, cuando llega, se encuentra con un cartelito identificatorio que dice el nombre de su marido y un: “y señora”. “Él no trabajaba en la universidad, no tenía ninguna conexión. Entonces fui a hablar con las de protocolo y les dije: ‘pero escuchá, yo fui la invitada, aparte a mi marido no lo conoce nadie’, y me dijo que yo no entendía nada de protocolo”.
Los estudios de género han investigado en profundidad las transformaciones subjetivas que ocurren cuando podemos darle una explicación social a malestares que hasta el momento parecían individuales. La filósofa Miranda Frickeracuñó el término “injusticia epistémica” para referir a aquellas injusticias relacionadas al conocimiento.
La autora identificó dos tipos principales de esta injusticia: la injusticia testimonial, que ocurre cuando el oyente le otorga menos credibilidad a un hablante por un prejuicio (de género, raza, clase) y la injusticia hermenéutica, que ocurre cuando faltan los conceptos y las herramientas sociales para entender y expresar una experiencia colectiva.
El movimiento feminista logró mover el tablero en ambos sentidos. Por un lado, pudo poner palabras para entender diversas experiencias sociales y, por otro lado, hizo que estemos más atentas a los prejuicios que operan cuando escuchamos o hablamos. Sin embargo, las cuestiones de género ingresaron recientemente con fuerza al mundo de la ciencia, aunque con anterioridad “ya había un bichito que estaba picando”, a decir de nuestra matemática.
Liliana Forzani, un nombre propio
Liliana Forzani, docente de la Facultad de Ingeniería Química (UNL), investigadora de CONICET, primera presidenta mujer de la Unión Matemática Latinoamericana y una de las pioneras del litoral en impulsar acciones de género en matemática, le cuenta a Periódicas esta anécdota en los premios L´Oréal como uno de los dos hechos que la marcaron a lo largo de su trayectoria y que con el paso de los años pudo ponerle nombre: se trataron de situaciones que plasmaban desigualdades de género.
El primero de estos hechos ocurrió a inicios de la década del noventa. Liliana cuenta: “Yo estaba casada con una persona que también había sacado una beca de CONICET para irse al exterior. Y en el orden de mérito yo había salido antes que él, pero si los dos de la pareja becados no tenían hijos, les daban una beca y media, y el cheque venía a nombre del marido. Le daban una beca completa al varón y media a la mujer”. Ella dice que esto le hacía ruido pero que no era consciente “de todas las cosas que pasaban en ese momento”. Impulsada por un miembro del jurado de su tesis doctoral, hizo una carta a Conicet “y a los dos meses de estar allá, en Estados Unidos, recibo una carta diciendo que habían cambiado el reglamento y que ahora era una beca para cada uno”.
Casi una década después de ese primer hecho, sucede lo del premio L´Oréal. Con el papelito y, como buena matemática, decidió hacer un experimento social: “Puse el papelito en mi casa y le pregunté a todos los que entraron qué pensaban. La mitad contestó ‘es terrible’ y la otra mitad me dijo que era algo insignificante. A mí me gustó esa estadística. Ninguna de esas personas ahora diría lo mismo, se escandalizarían todos. Me gusta que eso haya cambiado”.
El pasaje de lo personal a lo político
Estas fueron las primeras acciones de género que Forzani realizó, aún sin saberlo, y que se profundizarían a lo largo de los años. Cuando aún no estaban aceitados los protocolos de denuncia por violencia de género en el mundo de la ciencia, ella levantó su voz, le puso el cuerpo, envió cartas a las cúspides del sistema científico nacional, motorizó la creación de protocolos, organizó actividades, en un contexto donde aún había mucha resistencia de la propia comunidad.
Nuestra matemática del litoral es consciente de la importancia de las redes y de la colectividad: “Siempre fue acompañando, siempre había gente apoyando, fui encontrando aliadas. Me enganché en el activismo, venían colegas con ideas, me invitaban y yo apoyaba”.
El efecto colibrí se fue así multiplicando, plasmado en un sinnúmero de situaciones, una de ellas también ocurrió en el litoral: “Una docente me dijo que fue a una charla que organizamos sobre género y matemática sólo porque la organizaba yo, y después se dio cuenta, se puso los lentes violetas”, cuenta Liliana. “Un día que se habían publicado los ingresos (a Carrera de Investigación) estábamos muchos colegas en el bar del Conicet y entraba gente y la felicitaban por esto. Hasta que alguien le preguntó a ella ‘¿por qué te felicitan? ¿Estás embarazada?’. Ese día ella dice que entendió el por qué de las actividades. Ahora es una militante feminista”. Ya la chispa estaba encendida en el litoral, algo había cambiado.

Ya nada será como antes
En la actualidad, al interior del mundo académico, se encuentran diversos grupos de género en variadas comunidades disciplinarias que generan acciones en miras de una ciencia más justa e igualitaria. Porque con desigualdad y pérdida de talentos, lo sabemos muy bien, perdemos todes.
Estos grupos adquirieron una fuerza inigualable en Argentina con posterioridad al Ni Una Menos. Tal es el caso de las matemáticas, que, desde las aulas de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Nacional del Litoral comenzaron a generar ruido y organizarse. Liliana recuerda: “En 2015 Alicia Dickenstein, que en ese momento era vicepresidenta de la International Mathematical Union, me dice: ‘¿por qué no hacemos en el Congreso de la Unión Matemática Argentina (cuya sede era ese año la Facultad de Ingeniería Química de la UNL) algo de género y ciencia?’. Y realmente yo no estaba preparada para eso, ni ella tampoco, pero le dije 'vamos a hacerlo'. Pedimos un aula chiquita”.
El aula estaba llena y fue el inicio de un movimiento que continúa hasta la actualidad. Después de esa actividad se creó la Comisión de Género de la Unión Matemática Argentina, que continúan trabajando hasta la actualidad en miras a aportar a la transformación de desigualdades e inequidades existentes, promover cambios culturales, acciones y proyectos para superar las desigualdades y desarrollan investigaciones sobre la temática.
Desde allí nada las iba a parar y, para ello, debían traspasar fronteras. La ciencia se caracteriza por encontrarse internacionalizada, por ello no basta con que las voces se queden al interior de los grupos, instituciones, centros científicos, universidades nacionales. Nuestras matemáticas lo sabían muy bien y vieron la necesidad de generar activismos y acciones concretas en las asociaciones de las que formaban parte. De este modo, también llevaron sus demandas a la Unión Matemática Latinoamericana, que también creó protocolos de violencia para los eventos científicos y acciones de género.
Los protocolos de violencia de género para los congresos nacionales e internacionales, las medidas para que haya participación equitativa en los paneles principales de los mismos, las acciones desarrolladas desde las asociaciones, fueron un paso contundente, pero para Liliana “ese bichito” seguía picando.
Como muestran los estudios de género y ciencia, el problema empieza mucho antes, cuando somos socializadas en nuestras infancias. En una comida con una amiga matemática, que le llevó la inquietud de trabajar con niñas, empezaron juntas a diagramar en una servilleta uno de los eventos más importantes para niñas en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) a nivel nacional, motorizado con el apoyo de la Facultad de Ingeniería Química de la UNL y la provincia de Santa Fe: las Jornadas Latinoamericanas de Talleres STEM para niñas y mujeres adolescentes.
Nuestro día de Ada Lovelace
En el marco de los festejos mundiales del Día de Ada Lovelace, nombre en homenaje a la matemática británica pionera en el área de programación, nuestra matemática del litoral, Liliana Forzani, y Daniela Rodríguez, de la Universidad de Buenos Aires, comenzaron a impulsar en 2022 las jornadas latinoamericanas en STEM para niñas.
Sobre esto, Liliana cuenta: “Empezamos con cinco sedes, cuatro en la provincia de Santa Fe y una en Buenos Aires, y ahora son 85 sedes en Latinoamérica, una cosa impresionante”. Las Jornadas buscan promover las carreras STEM, alentar a las niñas a continuar sus estudios en áreas como ciencia de datos, computación, ingeniería y matemáticas, así como también destacar el rol de las mujeres investigadores en estas áreas.
A lo largo de la jornada, las participantes tienen la oportunidad de resolver problemas, desarrollar habilidades y conocer más sobre el impacto de las mujeres en la ciencia. Pero también las profesoras de las escuelas primarias y secundarias tienen material para trabajar en las aulas, porque las acciones deben multiplicarse y porque generar un mundo más igualitario depende de todes.
Autora: Sacha Lione / Edición: Ileana Manucci
