Ayer luego de las 18 se realizó en Santa Fe una concentración en la plaza 25 de Mayo por el triple femicidio en Buenos Aires. Durante la jornada se convocó a una asamblea para hoy a las 14 en Blas Parera al 8300, en la explanada del nuevo Hospital Iturraspe para definir acciones contra la avanzada de la violencia machista a nivel local.

Hoy me escapé de clase para ir a la plaza. No éramos muchas. Quince quizás. Nos mirábamos entre nosotras. "Ahí llega tal, allá viene tal otra, mirá quién vino". Nos habremos visto las caras muchas veces. Serán más de 100. Y todavía no me sale llorar adelante de ellas. Todavía no me dejo embargar por la emoción. Es extraño. Porque es como que las conoces pero no. Como una familiaridad que se explica no en la sangre, sino en la convicción de querer seguir viva y de que no maten a ninguna más.
Esta tarde cerca de 200 personas nos encontramos en la plaza 25 de Mayo de la capital santafesina, cerca de las 18.30, en una concentración por un triple femicidio sucedido en la ciudad de Buenos Aires. La movilización se replicó en distintos puntos del país, entre ellos Rosario, en el mismo horario.
La concentración se da en un momento crítico. Esta misma semana las autoridades de la Secretaría de Mujeres, Género y Diversidad de la provincia reconocieron que desde la administración central del Estado santafesino no giran desde hace un tiempo los recursos destinados a programas que sostienen distintas líneas de financiamiento para las organizaciones e instituciones no gubernamentales que se encargan de recibir, asesorar y acompañar a mujeres víctimas de violencia.
Y la embestida de la realidad está latente. En el transcurso de esta semana también una mujer fue atacada sexualmente por un intruso en un edificio de oficinas en el microcentro de la ciudad y una joven retenida en cautiverio por tres captores fue hallada en la calle pidiendo auxilio tras escapar del lugar donde estaba secuestrada hace meses.
Algo habrán hecho
"Nos están matando, nos están descuartizando. Eso es lo que están haciendo. Sabemos el nombre, la edad, dónde vivían las víctimas. ¿Por qué no sabemos nada de la gente que hizo esto?" se preguntaba esta tarde en la plaza Nidia Kreig, histórica militante feminista, mientras seguían llegando compañeras y compañeros.
"Además de que todavía está en investigación, los medios lo único que hacen es seguir nombrando a las chicas, estigmatizándolas. Siempre desestiman nuestros cuerpos, siempre somos las mujeres las que nos revelamos, las que estamos en la calle, las que luchamos todos los días por mantener los derechos que conquistamos y por seguir conquistando más derechos; porque aunque lo nieguen el machismo existe. Hoy estamos acá justamente por eso" sentenciaba, y es real.
El retroceso en las políticas públicas tiene mella social, en el lenguaje, en el sentido circulante y también en la agenda mediática. El punto de vista de la cobertura, los desarrollos periodísticos, las preguntas, las indagaciones, la auscultación a los cadáveres de las víctimas reflejan el mismo parecer: no más que la sed voraz de confirmar que algo hicieron para terminar así, que de alguna forma se lo buscaron, que este es un problema de ellas, único, irrepetible, quizás un golpe de mala suerte, una vicisitud, algo casual, un incidente.
Nada que haga responsable a todo el conjunto social. Nada que una este caso con todos los demás. Ningún patrón de violencia que desnude en realidad una estructura anudada en nuestro ADN social.
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Y ellos, qué
Y una vez más revertimos la carga de la culpa que ya muertas quieren meternos adentro en reemplazo de las tripas que ya no funcionan y del corazón que ya no late; "queremos saber también los nombres de quienes hicieron esto, queremos que así como se mediatizan los nombres de las víctimas sean también los nombres de los que asesinan".
El deseo de que esta muerte no desacomode nada encuentra un lugar privilegiado en el moralismo higienista que marcó el pensamiento y también la legislación argentina en torno al mercado de la oferta y la demanda sexual. Las tres eran putas. Así de simple la ecuación y el crimen ya está resuelto. Las mataron bien matadas porque eran putas.
"No da derecho a nada, digamos, hagan lo que haga cada persona, cada ser humano. Acá el problema es cómo nos culpabilizan a nosotras las mujeres cuando nos pasan cosas. No queremos empezar a revolver a las víctimas porque se ponían uñas o pestañas, o porque estaban paradas en una esquina de Flores. Siempre el enfoque va hacia si tiene tatuajes, si tiene piercing, estamos dándole vueltas para no ver todo lo que les hicieron, porque fueron torturadas" decía otra de las presentes, Elena Moncada, de la organización Mujeres por los Derechos, que acompaña a personas que ejercen la prostitución.
Estado ausente
Mientras las compañeras hablaban seguían llegando grupos pequeños de mujeres y de varones. De a dos, de a tres, de a cinco, de a 10. Las chicas de la Campaña Nacional por la Emergencia en Violencia contra las Mujeres llevó una bolsa con velas que empezó a repartir. De repente teníamos fuego no solo por dentro, sino también por fuera.
"Hoy los centros de día que reciben mujeres en situación de violencia no están recibiendo financiamiento. No tenemos con qué pagarles a los equipos que reciben a estas mujeres. No tenemos a dónde decirles que vayan porque reciben la misma respuesta de que no hay presupuesto, de que no las pueden poner en un hogar, de que no hay nada para ellas. Es solamente que salgan y que alguien las ayude porque ellos, el Estado, no puede. Esta situación se repite tanto a nivel provincial como municipal. Tratamos de seguir manteniendo una conexión, pero es imposible porque no nos dan respuesta, nosotras no tenemos de verdad un presupuesto, hacemos todo de voluntad. Y de ellos nada, no hay respuesta, no hay qué ofrecerles a estas mujeres que están en esta situación" contó una de las integrantes de la Casa de las Mujeres Libres, uno de los dispositivos de la Campaña en Santa Fe.
Los pequeños contingentes de personas se compartían encendedores, o se amontonaban en torno a alguna vela ya encendida. Sus caras cansadas de muerte brillaban naranjas con las llamas.
"Hay que volver a esto compañeras, hay que volver a tomar las calles. Parece que todo ahora es por redes, pero no. La realidad está acá. Antes todo lo demás era secundario porque primero respondíamos en la calle" se escuchaba decir a la militante por el derecho a decidir, Agustina Verano, durante la conversación abierta entre las presentes.

Poner el cuerpo
Alguien propuso hacer una ronda caminando por la plaza, como lo hacen las abuelas y madres de la plaza de Mayo, esperando conocer el destino de sus hijos, nietos, esposos capturados durante un gobierno dictatorial infame hace más de cuatro décadas. Pero la moción de dar la vuelta a toda la manzana se impuso y con cantos y momentos de silencio atronador, todo el grupo comenzó a caminar mientras seguían sumándose personas que llegaban en pequeños contingentes.
Y una empezó a caminar y no más de 100 empezaron a caminar, y al final de la vuelta, sin licencias poéticas, éramos el doble.
"Es una tristeza muy grande y acá tendría que estar lleno porque todas somos madres, abuelas, tías, hermanas. Se tienen que llenar las plazas para que esto deje de pasar. Que nos dejen de matar" decía Moncada, y para mí que de alguna forma otras y otros la escucharon más allá de los cordones de esa plaza.
Al terminar la vuelta volvimos a hacer un círculo, todas y todos de pie en el medio de la plaza. Simplemente nos mirábamos en silencio. Sin saber mucho qué hacer, hasta que la Teresa Festa, militante de la Asamblea Ni Una Menos, sacó el teléfono y dijo "cantemos la canción sin miedo" y empezó con su voz de aguardiente a cantar. Y con el cielo totalmente despejado en muchos puntos de esa plaza empezó a llover.
Después de esa ronda todo el contingente giró hacia el palacio de Justicia para dejar las velas en la escalinata, en quizás un intento de que los operarios judiciales se contagien de ese fuego que nos arde, que nos duele, que nos quema.

Este jueves a las 14 hay una asamblea para definir acciones contra esta ola de violencia que no para. La cita es en el norte, en la explanada del nuevo Hospital Iturraspe en Blas Parera al 8300. Vamos a seguir poniendo el cuerpo.

Escribe. Se especializa en la temática trans-travesti y las notas viscerales.

