¿Se va el estrógeno y con él nuestra “feminidad”? ¿Baja nuestra capacidad de concebir y, a la par, nuestra productividad? ¿Dejamos de ser deseables? ¿Estamos más irritables? ¿Qué sucede con nuestra biología? ¿Y con nuestra sexualidad? La menopausia puede ser vivida como “el fin de todo” o como el inicio de una etapa fértil para pensar en nuevas formas de habitar el mundo, en las cuerpas que nos tocaron.
Victoria Cattáneo

El climaterio es una fase extensa en la vida de las mujeres, que abarca desde los años previos a la menopausia hasta la posmenopausia. Esta etapa, que generalmente se presenta entre los 45 y los 65 años, trae consigo una serie de cambios físicos, emocionales y sociales que impactan significativamente la calidad de vida y el bienestar de las mujeres. Dentro de esta etapa, se distinguen fases clave: la perimenopausia, la menopausia en sí y la posmenopausia.
La perimenopausia son los años previos a la menopausia (entre 4 y 10 años antes).
Ludmila Rivera es médica ginecóloga especializada en climaterio. Además de ejercer como docente en la Universidad Nacional del Litoral, trabaja en el ámbito de la salud pública y privada de Santa Fe. Ella apunta que es aquí cuando empiezan a aparecer la mayor cantidad de cambios: "durante este período, el ovario funciona de manera intermitente, generando fluctuaciones hormonales (...) aparecen los primeros sofocos, el insomnio, la labilidad (inestabilidad) emocional, puede haber disminución de la líbido, empieza a cambiar la imagen corporal", apunta.
No podemos confiarnos: "durante la perimenopausia el ovario hay meses que va a tener ovulación. Por lo tanto, si no se busca un embarazo, es muy importante continuar utilizando métodos anticonceptivos", consigna la profesional.
La menopausia, por el contrario de lo que se piensa habitualmente, no es un proceso sino un momento único. Es el día en el que pasan 12 meses consecutivos sin menstruar.
Durante la posmenopausia (la etapa posterior a ese día de la menopausia) el ovario deja de funcionar totalmente, ya no produce más estrógenos ni progesterona y comienzan cambios más leves pero similares a la perimenopausia. Aquí, el hipoestrogenismo (bajada de estrógeno) provoca sequedad vaginal. Esto hace que disminuya también la lubricación vaginal y que haya incomodidades a la hora tener relaciones sexuales. Puede haber también incontinencia urinaria. Las complicaciones propias del hipoestrogenismo son la osteoporosis y el aumento de enfermedades cardiovasculares.
Sexualidad y cambios
Esta etapa también trae consigo transformaciones físicas importantes. Hay un cambio en el metabolismo que ocurre durante la perimenopausia y la menopausia, que tiende a producir un aumento en el depósito de grasa central, a nivel del abdomen. Esto genera frustración: "Habitualmente la consulta es: estoy comiendo menos que antes o lo mismo que antes, hago más actividad física y no bajo de peso y tengo pancita y no puedo bajarla", apunta Ludmila.
Además, aumenta la sequedad en todo el cuerpo cuando bajan los estrógenos, “entonces hay mucha piel seca (además de la vaginal), en todo el organismo. Puede haber otras mucosas secas, eso también altera mucho la imagen corporal". Para abordar estos cambios, Ludmila recomienda "actividad física, dietas antiinflamatorias, el uso de cremas con vitamina A y E para favorecer la hidratación de la piel".
La sexualidad también se ve afectada por múltiples factores. Rivera dice que "va a haber disminución de la líbido propia de la disminución de algunas hormonas, pero también es como un círculo vicioso, porque hay una alteración a nivel del estado de ánimo y además la sequedad vaginal". Es importante señalar que no siempre se requiere de la suplementación hormonal para tener mayor bienestar. Muchas veces se trata de “entender cómo se transita esta etapa”, dice Ludmila. “El uso de geles hidratantes y lubricantes para mejorar las relaciones, ayuda un montón. También, hablar mucho con la pareja sobre la nueva etapa que está transitando".
La labilidad emocional emerge como la causa de consulta más disruptiva. "Las consultas más frecuentes son por la irritabilidad, la disminución del líbido, el insomnio... todo eso hace como un círculo vicioso: la mujer no puede dormir, tiene labilidad emocional, no tiene ganas de tener relaciones, se empieza a llevar mal con su entorno. Y justo se condice con una etapa en la que habitualmente es la más productiva desde el punto de vista laboral, entonces eso genera mucha incomodidad”, apunta Ludmila.
Los sofocos, presentes en el 80% de las mujeres, también son una molestia significativa.
Cómo solucionarlo

La mayoría de los servicios de salud sexual y reproductiva -¿por qué será?- se centran principalmente en la planificación familiar y la salud materno infantil, dejando sin abordar la menopausia y sus impactos bio-psico-sociales. Los procesos de medicalización de la vida, en especial en las mujeres, siguen operando como dispositivos de control de nuestros cuerpos.
"Creo que empezó como todo un proceso sin tener suficiente información y sin saber exactamente qué estaba atravesando como mi cuerpo", cuenta Georgina, de 49 años.
En esta etapa de la vida los cambios corporales se hacen notorios y surgen preguntas. Ante la falta de respuestas médicas, nos adentramos en el mundo de Google o de la IA para buscar información que nos ayude a develar cómo transitar este período.
Con sorpresa y desconcierto nos enfrentamos a una ausencia de información clara. Y cuando empezamos el recorrido, nos encontramos con que muchos profesionales nos hablan de síntomas que hay que “apagar”, como si la menopausia fuera una enfermedad. Y es que para la medicina tradicional si hay un síntoma, hay algo que “reparar”: estamos falladas, dejamos de funcionar. Y comienza el periplo por el laberinto de consultorios ginecológicos, endocrinológicos, clínicos, laboratorios… sin encontrar respuestas. Sin una referencia médica de confianza, dilapidamos tiempo, dinero y energía para intentar comprender qué nos pasa, copiamos recetas y usamos suplementos que les funcionaron a nuestras amigas.
La medicina como disciplina y la salud como campo continúan siendo espacios de saber/poder monopolizados por hombres que reproducen (muchas veces sin darse cuenta) una visión con sesgo de género sobre nuestros procesos de salud. Así terminan definiendo aún hoy el “deber ser” de las cuerpas de las mujeres.
En este escenario, estar informadas con fuentes sobre salud sólidas en lo científico y también con perspectiva de género resulta clave para escapar del mundo de las “alternativas” sin evidencia empírica.
Habilitar la escucha amorosa
Cuando me propuse escribir esta nota, consulté a varias mujeres para saber cómo estaban atravesando esta etapa. Entre risas, las respuestas comenzaron siempre con un “te voy a mandar muchos audios”, “podríamos estar horas hablando de esto”, “va a ser una entrevista extensa”. Es un tema que da para largo, en la época de la inmediatez.
Lo segundo que apareció en sus relatos fue que, a pesar del pudor y la vergüenza, han tenido la capacidad de poner en palabras lo que les sucedía a nivel corporal, emocional y sexual. Sin embargo, como respuesta recibieron silencio, falta de escucha e incomprensión, tanto por parte de sus amigas y familia como del sistema médico. “Cuando intenté hablar sobre mi menopausia con mi grupo de amigas, se hizo un silencio incómodo. Se hicieron las boludas, no sabían qué decir. Una de las chicas me sugirió congelar óvulos en el caso de que alguna futura pareja quisiera ser padre. Mis viejos, me propusieron adoptar”, cuenta Ángeles (44), apuntando que nadie le preguntó antes de opinar, además, si deseaba ser madre o no.
Pareciera que la norma es hacerse la gila frente a una situación que, en definitiva, nos va a tocar a todas y una etapa en la que vivimos cada vez más mujeres: según datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2021, las mujeres de edad igual o superior a 50 años representaban el 26% de toda la población femenina mundial.
Georgina (49) me dijo: "creo que falta mucho: poder conversar, poder estar con otras para entender, a mí me sirvió mucho escuchar testimonios, leer a otras mujeres atravesando esto. Al principio me daba pudor hablar de lo que me estaba pasando porque ninguna de mis amigas estaba pasando por la misma etapa que yo (...) me costó mucho en lo social. Al principio no quería hablarlo, después estaba no sé si enojada, pero era como esa esa extrañeza que te genera algo que no entendés que te está pasando y no tener la información (...). Cuando fui avanzando un poco y entendiendo e informándome empecé a querer hablarlo, pero también encontré mucha resistencia, mucha negación, mucho’ bueno, no quiero saberlo, eso viene para más adelante’".
Y alrededor del reloj, nuestro estado de ánimo

¿Estamos más irritables? Tal vez sí. Pero también estamos más lúcidas. Más dispuestas a incomodar y a poner en palabras lo que durante años fue silenciado. El climaterio llega aún cargado de estigmas. Persiste el edadismo, la presión por “corregir” el paso del tiempo y una industria de la medicina estética que insiste en borrar sus huellas en lugar de habitarlas (con estrategias invasivas que van desde el chip o pellet hasta cirugías de rejuvenecimiento vaginal). Durante décadas, la menopausia fue narrada como sinónimo de vejez, de pérdida, de final. Y esa idea cala hondo, incluso en quienes la atraviesan.
“Algo que también me pasó al principio es el impacto de ‘yo soy joven’, o sea, ‘¿cómo puede estar pasandome en esto?’ […] esa asociación que yo tuve que ir desconstruyendo, que tiene que ver con la vinculación de la menopausia con la vejez como la muerte de la época fértil de la mujer, como que con la llegada de esta etapa se acababa la vida”, cuenta María (47). “Cuando me empecé a enfrentar a esos propios prejuicios, a esas ideas preconcebidas, dije ‘esto no es lo que soy, no es lo que quiero’ y pude construir mi propia manera de ver esto […] que no es la que socialmente se tenía”, continúa.
Resignificar el climaterio como transición hacia una etapa con otros tiempos, otras prioridades y nuevas posibilidades implica habilitarnos a pensarlo como un momento de consolidación del recorrido de vida, cuando las mujeres pueden convertirse en referentes en sus espacios sociales y de conocimiento, compartir saberes y ayudar a derribar tabúes. También es un momento que habilita lugar para nuevos proyectos, intereses postergados y una forma distinta de habitar lo personal y lo profesional.
Frente a la complejidad de esta etapa, el enfoque no puede ser parcial. “El abordaje […] tiene que ser integral, desde todas las esferas, biopsicosocial”, señala Rivera. Esto implica acompañar no solo desde lo médico, sino también desde la nutrición, la salud cardiovascular y ósea, el descanso, los vínculos, la sexualidad y el bienestar emocional.
Con información, apoyo profesional y la mirada puesta en qué es un prejuicio y qué es un dato de la realidad, el climaterio deja de ser un territorio de pérdida para convertirse en una oportunidad: la de redescubrirse, redefinirse y proyectarse desde un lugar más propio.
“Si hay algo que la menopausia, la perimenopausia y el climaterio me trajeron es volver a mí, volver a conectar conmigo, con el cuerpo, a sentir, a entender lo que hago”, cierra Geo.
Consumos culturales que sí
Encendidas Podcast - Mariana Carabajal e Ingrid Beck cuentan con humor su tránsito por el climaterio: https://open.spotify.com/show/5QYcJ87O72VgXv584RoL2E
Libro “Regreso a mí”, de Sandra Magirena: https://editorialelateneo.com.ar/descargas/REGRESO%20A%20M%C3%8D%20(1er%20cap).pdf
Autora: Victoria Cattáneo, comunicadora especializada en salud y género. Consultora en Empatía Comunicación

