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"Sangrar mucho, poquito, nada”: charlemos de menopausia sin tabúes

Las sociólogas e investigadoras del Conicet Verónica Giordano y Mora Vinokur estuvieron en Santa Fe presentando su libro y acompañando un proyecto: la creación del plan municipal de concientización y sensibilización en perimenopausia, menopausia y climaterio.
Gabriela Filereto
Acosta, Giordano y Vinakur en Santa Fe. Gentileza: prensa Laura Mondino

Cada vez con mayor frecuencia, en uno de mis grupos de amigas surge el tema de la menopausia —o, en nuestro caso, la perimenopausia—. Ninguna sabe exactamente cuándo llegará ese momento pero, por si acaso, ya empezamos a hacer consultas médicas, a seguir cuentas que hablan del tema, a pasarnos consejos sobre suplementos o ejercicios recomendados.

Hace unos años —no tantos, para ser honesta— era algo que ni siquiera aparecía en nuestras conversaciones. Después de todo, como dicen ahora, "los 40 son los nuevos 20", y estamos muy lejos de creer que llegamos al final de la vida o de sentirnos "viejas". Seguimos viajando solas o acompañadas, empezando actividades o deportes que creíamos imposibles, estudiando, yendo a recitales de rock, a fiestas que terminan de madrugada, criando hijes, trabajando -muchas con pluriempleo-, sosteniendo hogares y asumiendo tareas de cuidado.

Sí, es muchísimo. Y sí, la menopausia está ahí, pareciera que al acecho. Pero, ¿realmente nos sigue dando tanto miedo? Lo que también me pregunto es por qué este tema era un tabú y si ahora al ser nosotras, las acechadas, podemos tomar la posta, romper el silencio y, de paso, derribar algunos mitos.

Menopausia con enfoque feminista

“Sangrar mucho, poquito, nada. La menopausia desde una perspectiva integral del ciclo vital y los cuidados" es un libro escrito por Verónica Giordano y Mora Vinokur, ambas sociólogas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadoras del Conicet. El texto habla sobre la menopausia con una mirada feminista y alejándose de los discursos médicos tradicionales que la patologizan. Es más, proponen reivindicarla como un proceso natural y político.

Para profundizar en el tema, conversé con las autoras que estuvieron en la ciudad de Santa Fe, más precisamente en el Concejo Municipal, en el marco de la presentación del proyecto de las concejalas Laura Mondino y Silvina Cian que propone la creación de un plan municipal de concientización y sensibilización en perimenopausia, menopausia y climaterio.

Foto: Prensa Laura Mondino

Hablar sobre por qué la menopausia sigue siendo un tema tabú, incluso dentro de algunos discursos feministas, inició nuestra charla. Según Mora Vinokur, se trata de un tema central vinculado a la construcción de otros tabúes, como el envejecimiento. “Lo que veíamos cuando nació esta investigación es que había muchos mitos construidos en relación a la menopausia, con una carga negativa vinculada al crecimiento y el paso del tiempo".

Mora continuó la explicación. "En la historia del feminismo hay muchos temas vinculados al cuerpo de las mujeres que siempre fueron tabúes: la menstruación o el aborto son algunos. Los feminismos fueron dando discusiones y rompiendo esos tabúes, porque lo que sabemos es que de los temas que no se habla se construyen cargas negativas y desinformación”.

“La menopausia es parte de esos temas silenciados. Es una deuda pendiente desde las discusiones de los feminismos y también de la política pública. Lo que encontrábamos al empezar a trabajar el tema es que esos silencios que rodeaban a la menstruación después se trasladaban, con aspectos en común, a la menopausia. Si pensamos que empieza mientras menstruamos, para ponerle una fecha de los 40 hasta los 60, estamos hablando de más de 20 años en los que no tenemos un nombre para eso ni para ese sujeto que lo atraviesa, que ni es un adulto mayor ni una persona joven”, agregó.

Menos tabú y más conocimiento

Mientras charlábamos, recordamos ese silencio en torno a la primera menstruación, ese no nombrar: “Viene Andrés”, nos decían o decíamos. Verónica Giordano tomó la palabra en este punto. “Ahora se habla más en grupos de amigas, así que vemos que es menos tabú que antes, aunque creo que hay aspectos de la menopausia que siguen siéndolo. De lo que sí se habla es de mejorar algún aspecto de la calidad de vida, pero no de cuestiones asociadas a la vejez, la no reproducción o la sangre. Circulan recomendaciones, pero hay otros temas de los que no se habla, como la incontinencia urinaria; no me imagino un grupo de amigas donde digan qué apósito usás para eso. Es más difícil que alguien lo traiga a la mesa”.

Tras reírnos un poco, continuó: “Hay cosas asociadas a los padecimientos físicos de la menopausia que siguen siendo tabú. En eso sí encuentro que conviene seguir hablando, porque no veo que haya perdido esa condición. Claro que se habla más del tema, en parte por el registro social del cuerpo de la mujer en términos de militancia feminista o de haber participado en cierta movida política reciente. Es más probable que ahí surjan preguntas, aunque sigue siendo un tema del que se sabe poco”.

Autora: Gise Curioni

Tengo cuatro décadas pero no soy señora

Continuando con el recorrido por la temática que nos reunió, les pregunté si las mujeres cargamos con una mirada social negativa sobre nuestra edad. En mi caso, les conté que algo que me molesta de esa mirada ajena es una sola palabra: señora.

“Pienso que sí —expresó Verónica—. Hay estereotipos construidos, pero justamente la manera en que abordamos eso en el libro es mirar la menopausia como un aspecto del ciclo vital. En la intersección con otras circunstancias nos permite cambiar el punto de encaje y entrarle no por edad, sino por problemas. Pensar el ciclo vital de manera integral implica pensar qué pasa con la lactancia a los 40, con la opción por la maternidad o la no maternidad. ¿Es lo mismo a los 30, a los 40, que a los 45?"

Verónica afirmó la importancia de entrar al tema por otros "costados, que tienen más que ver con las biografías de las personas, porque yo tampoco voy por la vida con un cartel que dice ‘soy menopáusica’. Pero sí tenés entre amigas conversaciones sobre el encuentro sexual con una pareja, cuáles son las circunstancias que están a favor o en contra del placer en esa situación. Ahí ya no vas por edad, vas por circunstancia. Y creo que, por supuesto, hay cosas vinculadas al deterioro, pero ese es solo un aspecto. Nos gusta abordarlo desde esa perspectiva integral porque permite otros enfoques”.

Autora: Gise Curioni

Respecto a un tema que rodea esta etapa de la vida de los cuerpos menstruantes como lo es la medicalización, afirmaron que "la medicina misma también está dándose un debate al respecto, acerca del impacto de las terapias de reemplazo hormonal, por ejemplo. Más que el tema de la hormonización, que es un tratamiento caro, y al que aunque muchas mujeres quieran acceder no pueden, lo que sí vemos es una mayor medicalización en términos de salud mental para cuestiones asociadas a la menopausia, como el insomnio, los calores o incluso la depresión”.

Mora sostuvo que en los datos arrojados por una encuesta del Indec de 2022 “vimos que en el grupo que va desde los 40 a los 60 fue donde más declararon que consumían psicofármacos por prescripción médica, era alrededor de un 17%. Entonces, creo que el problema ahí no es que sea una solución, sino que sea la única; ya que lo que hace eso es tapar los distintos ciclos de la vida".

"Hablar de menopausia implica hablar de la vida cotidiana -continuó-, de transitar un duelo o estar cuidando a una infancia o a tus padres; la transformación del propio cuerpo y el duelo sobre el propio cuerpo. El problema es cuando esa es la respuesta para no hablar de todo lo otro: de este sistema en el cual estamos trabajando un montón de tiempo, que no nos alcanza la plata, que tenemos que seguir cuidando y trabajando cada vez más. Por eso me parece interesante decir que hablar de la menopausia es hablar de un montón de problemas de la vida cotidiana que se interceptan”.

Sistema de salud, diversidad y cuerpos menstruantes

Al hablar de la investigación, las profesionales destacaron como un dato positivo un elemento que las sorprendió: “la sinergia con el sistema de salud”. “Fue una grata sorpresa, ya que hay mucho prejuicio del cuerpo biomédico o el saber biomédico que, por supuesto, existe e incide, pero tuvimos la suerte de encontrarnos con especialistas en ginecología y climaterio que están ávidas por querer dar respuesta a las cuestiones que se van planteando en los consultorios y que exceden a ese espacio. Creo que es una buena noticia que haya una mirada desde la salud que quiera dialogar con otras disciplinas”, opinó Verónica.

Mora sostuvo que también es importante que cuando cuando se habla del tema haya eco. “Cuando hay ganas de escucharlo, hay atención y un poco la intuición de una investigadora de querer ir a ver algo y darte cuenta de que hubo un montón ahí como para mirar y para decir. La receptividad de las mujeres con las que hacemos los talleres es bastante sorprendente. Algunas dicen, sí era un tema del que necesitaba hablar y no me di cuenta”.

Otro de los interrogantes que les expresé tuvo que ver con un tema que antes no se consideraba: qué ocurre con los cuerpos de las personas trans y la menopausia. ¿Pudieron recabar algún tipo de información al respecto?

"Estuvimos haciendo algunas entrevistas en profundidad a lesbianas con parejas mujeres, para ver si encontrábamos algún nivel de distinción en el tránsito de la menopausia. No es una veta que hayamos profundizado mucho, pero algo que nos llamó la atención, en las pocas entrevistas que realizamos, fueron las referencias a la incomodidad que generan las relaciones con penetración. Esas situaciones parecían manejarse mejor en las relaciones homosexuales. Había menos padecimientos o un registro menos doloroso en esos casos”, explicó Verónica.

"En cuanto a las personas trans, el acceso a esta población para investigación tiene sus bemoles. Como ocurre con cualquier grupo en situación de vulnerabilidad, no se puede llegar de un día para el otro y decir: ‘Contame tu experiencia’. Implica un trabajo previo: construir un vínculo, definir el espacio y el propósito de la investigación. Todo eso requiere una asignación de recursos que, por ahora, no tenemos disponibles”, añadió.

Y sostuvo que hay otro factor: “la edad. Para hablar de menopausia o del impacto de la hormonización en esos cuerpos en relación con este proceso, las personas trans deberían estar entre los 45 y 55 años. Y, honestamente, es una población que tiene necesidades mucho más urgentes que atender antes que este tema. No significa que no lo tengamos presente, de hecho tenemos un proyecto en curso sobre trayectorias laborales de personas trans. Es un tema complejo que no hemos olvidado y que, seguramente, lo abordaremos en futuras investigaciones”.

Mora indicó que en las entrevistas a personas heterosexuales identificaron que la matriz heterosexual tiene un peso importante. "Influye en los vínculos sexoafectivos, en la mirada sobre el cuerpo y en cómo se interpretan las transformaciones de las mujeres. Hablamos de la mirada patriarcal sobre la belleza, la demanda de eterna juventud y las presiones sociales. Estas cuestiones surgieron claramente en las primeras entrevistas y encuestas."

Autora: Gise Curioni

"Además -aclaró Verónica- muchas intervenciones del sistema de salud no están orientadas a garantizar calidad de vida, sino a frenar el paso del tiempo desde una lógica de belleza, sexualidad dirigida al varón e, incluso, a la productividad orgásmica. Hay un mandato que condiciona la exploración del placer y la intimidad desde una mirada binaria, heterosexual, penecéntrica, patriarcal y productivista. Esto abre el espacio para ´conversar´ entre mujeres, digo mujeres porque es la población en la que nos enfocamos, que aún está poco explorado”.

Verónica amplió su explicación. "Ahí entran las intersecciones, el ciclo vital permite cruces intergeneracionales que permiten compartir experiencias, llegar a acuerdos o visibilizar ideas. Por ejemplo, comparar la baja de la líbido en el puerperio con la del climaterio o la menopausia. Ahí hay experiencias para compartir, ¿cómo se maneja en cada caso? ¿cómo se reconfigura el vínculo con el otro? Este enfoque por problema permite trasvasar conocimientos y evitar segmentaciones de edad. Claro, hay aspectos ligados al envejecimiento, pero no deben encapsularse. Romper esa cápsula y conectar experiencias en distintas etapas nos permite aprendizajes más ricos”.

Militar la amorosidad hacia nuestros cuerpos

Sobre el final de nuestra charla, retomé el tema de la militancia y cómo desde ese recorrido podemos abordar estos cambios de otra manera, pudiendo ser más amorosas con estos procesos que vivimos. Antes, cuando éramos más jóvenes, veíamos la menopausia casi como el fin de la vida, como si nos convirtiéramos en algo inservible. Pero lo que hoy experimentamos es distinto: seguimos teniendo vitalidad, seguimos haciendo cosas, seguimos con energía aunque a veces no la tenemos. Pero de lo que se trata es de ser más amorosas con nuestro propio cuerpo, de entender que estos cambios son parte de un camino recorrido; una etapa más con sus propias dinámicas y aprendizajes.

“Me parece muy lindo que puedas expresarlo en estos términos -me dijo Verónica- porque esto de ser amorosa también creo que trae algo de ir en contra de esa mirada que un poco surge de la medicina hegemónica pero después va perforando otras capas de sentido y nos encontramos por ahí en un lugar en el que no sabemos que estamos cuando hablamos de la menopausia como déficit o como achaque. En otras culturas es todo lo contrario, las mujeres a esa edad son las que más sabiduría tienen o pueden abarcar algunos cuidados que en otras instancias no”.

“Para mí -intervino Mora- ese trato amoroso también tiene que ver con demandar información. Porque también podemos ser más amorosas con el paso del tiempo, con las transformaciones del cuerpo, cuando conocemos lo que nos está pasando. Este tema tan invisibilizado implica construir una demanda al sistema de salud, al Estado, a la educación sexual que también contempla esas etapas. La información es poder tener una calidad de vida o un trato más grato con el cuerpo”.

Menopausia y políticas públicas

Sobre el final, les consulté ¿qué políticas públicas creen que son necesarias para abordar este tema, qué es lo que hace falta?

"Es una pregunta difícil de responder, pero creo que el primer paso es conocer de quién estamos hablando. Para pensar una política pública, necesitamos entender quiénes son esas mujeres, esas personas trans, ese sujeto menstruante que vive hoy en Argentina: en qué trabajan, bajo qué condiciones, si tienen responsabilidades de cuidado, qué consumen o no consumen, Esta caracterización es fundamental", afirmó Mora.

Y agregó: "Comenzamos nuestra investigación porque era evidente lo poco trabajado que está este tema, ni siquiera contábamos con datos básicos sobre este sujeto. Todas las iniciativas existentes sobre menstruación son muy valiosas, y sobre esa base debemos comenzar a pensar intervenciones para la gestión de la menopausia que necesariamente deben ser intersectoriales".

En este sentido, reflexionó: “Estas intervenciones tienen que articular el campo de la salud con las ciencias sociales, incorporar una dimensión laboral, especialmente considerando que muchas mujeres trabajan en la informalidad, y adoptar una perspectiva integral de cuidados que contemple tanto el autocuidado como la necesidad de pedir cuidados. Todo esto debe enmarcarse siempre en un enfoque de derechos y ciudadanía".

Autora: Gise Curioni

Veronica fue categórica: “Creo que la clave está en la transversalización de la perspectiva de género. Creo que es una ocasión propicia para esto por el nivel de demonización que tiene la perspectiva de género. Entonces tenemos que hacer la entrada al revés: ´te entro por salud y te generizo la salud´, más en tiempos tan complejos”.

Por último reflexionaron que, con grata sorpresa incluso dentro de un sistema de salud tan deteriorado, pudieron encontrar "médicas que mostraron genuino interés por el tema y consideraron relevante abordarlo en este momento tan difícil y en el que estamos golpeadas". En el evento realizado en Santa Fe, participó la Dra.Patricia Acosta, ginecóloga especializada en la temática.

Fue precisamente esa recepción lo que las motivó a plantear: “Hablemos de menopausia cuando hablamos de menstruación. Una estrategia que aprovecha el espacio ganado por la menstruación en la agenda pública, que aunque con limitaciones ya cuenta con medidas concretas, educación sexual integral y marco legal. Incluir la menopausia en estas conversaciones representa completar la visión del ciclo vital y crear oportunidades para compartir experiencias, construyendo así una comprensión más integral del tema”.

“Tenemos que pensar el tema desde las experiencias en el sector salud y laboral, pasando por la militancia sindical, aspectos de salud mental y empleo doméstico, hasta su impacto en la economía familiar. Se trata de identificar esos espacios donde la menstruación ya es tema de discusión para incorporar naturalmente la conversación sobre la menopausia”, concluyeron.