Un relevamiento realizado en Santa Fe y Recreo por la Misión de Salud "Irma Carrica", de Patria Grande, muestra las enormes barreras que enfrentan las mujeres para acceder a controles ginecológicos, métodos anticonceptivos y atención sanitaria básica.

La ausencia de políticas públicas se hace sentir con más crudeza que nunca en los barrios populares. No es una novedad: se trata de un problema que arrastra décadas. Sin embargo, en el actual contexto, donde se promueve la destrucción del Estado y se vetan leyes destinadas a fortalecer el sistema de salud pediátrica o de discapacidad, los derechos se ven cada vez más vulnerados y la crisis no deja de profundizarse.
Frente a esta realidad, la Misión de Salud "Irma Carrica", de Patria Grande, realizó un relevamiento en barrios de Santa Fe (Alto Verde, Santa Marta, Playa Norte y Los Hornos) y en Recreo (Campo San José) durante julio y agosto de 2025. El estudio, que alcanzó a 171 hogares, expuso serias dificultades en el acceso a la salud y a condiciones básicas de vida.
De acuerdo con el informe, “en 114 hogares (66,6%) se mencionó tener dificultades a la hora de atenderse por alguna situación de salud” y, entre esas dificultades, mencionan no poder conseguir turnos, distancias largas y maltrato, entre otros. Los datos indican, además, que “si consideramos sólo los hogares que tienen cobertura pública de salud, el número de personas que declaró haber tenido dificultades para atenderse aumenta al 76,7% (99 hogares de los 129 con dicha cobertura)”.
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Género, vulnerabilidad, desigualdad
Para profundizar en lo que sucede en uno de los barrios relevados, Periódicas conversó con Carolina Aquino. Ella es asistente jurídica, mediadora, promotora comunitaria de la salud y participó en el relevamiento. Además, y como si todo lo anterior fuera poco, Aquino es presidenta del Club Arroyito de Alto Verde, donde se desempeña como delegada de fútbol y forma parte del equipo de salud que aborda consumos problemáticos.
La situación golpea con más fuerza a las mujeres, quienes cargan históricamente con la responsabilidad del cuidado en contextos de vulnerabilidad. Los resultados son alarmantes: existen enormes barreras para acceder a controles ginecológicos, escasa disponibilidad de métodos anticonceptivos y graves falencias en la atención sanitaria básica. Una realidad que no solo refleja desigualdades estructurales, sino que también profundiza las brechas de género en materia de derechos y acceso a la salud.
En los hogares relevados, las mujeres declararon realizar más controles preventivos que los hombres (60,8% frente a 48%). Sin embargo, hay datos que resultan preocupantes: por un lado, se evidencia la dificultad para acceder a métodos anticonceptivos (en 12 de las viviendas se menciona esto, es decir un 13,33%); por otro, más de un tercio de las mujeres encuestadas (35,37%) no accede a los controles ginecológicos recomendados, ya que no se realizan el Papanicolau (PAP) desde hace más de tres años o nunca lo hicieron. Vale aclarar que el PAP es un estudio clave para la detección temprana del cáncer de cuello uterino, una de las principales causas de mortalidad prevenible en mujeres.
En Alto Verde existe un solo ginecólogo, que es quien hace las ecografías de embarazo y los PAPs, por lo que no da abasto para un barrio con 20 mil habitantes. “Es agotador y las mujeres tienen que esperar tanto para poder conseguir ese turno que terminan cansadas y pierden las ganas de ir. Quienes están en un núcleo familiar sin violencia se pueden colocar el chip pero a otras les hacemos acompañamiento desde el club para que puedan recibir las pastillas anticonceptivas o los preservativos”, explica Aquino.
Desde ese espacio realizan un acompañamiento integral en salud, que abarca no sólo la parte de salud sexual y reproductiva, sino también otros aspectos como la vacunación. “Muchos pibes tienen 20 años y solo tienen dos vacunas”, relata y agrega que “se fueron tejiendo muchas cosas con las instituciones, ese lazo nos acompaña y podemos hacer estas cosas con las pocas herramientas que tenemos”, indica.

Escasez de profesionales, escasez de derechos
La salud mental es otro de los temas que relevó el informe y es también algo fundamental en barrios populares ya que, lejos de abordarla como algo individual, es algo que se piensa desde lo colectivo. Que los y las habitantes de esos barrios puedan acceder a ese tipo de tratamientos se trata no sólo del derecho de acceso a la salud sino también de una cuestión de inclusión.
De acuerdo con el informe, “en sólo 33 hogares de los relevados al menos una persona de la familia, ha concurrido al psicólogo o psiquiatra durante el último año”. Mientras que en 137 -es decir el 80%- ningún miembro del hogar lo hizo.
La situación es compleja con solo un psicólogo para toda la costa: Alto Verde, La Guardia, Colastiné y La Vuelta del Paraguayo. “Nosotras acá solamente tenemos no menos de 10 situaciones de consumo en el Club, donde el chico no consigue turno con el psiquiatra o psicólogo, entonces se complica también el tema de la medicación. Lo mismo con las pibas con temas de infecciones de transmisión sexual o diversas enfermedades; algunas son madres muy jóvenes y es difícil conseguir el turno para sus bebés”, explica Aquino.
La profesional comenta que años atrás hubo una posta de salud: “Cerca de la pandemia, hacíamos controles de peso y salud, con listados de datos de peso, talla; les preguntábamos qué tipo de enfermedades podían tener y allí afloró que muchos chicos tenían desnutrición, otros bajo peso y un caso de obesidad. También casos de hipertensión, diabetes, problemas del corazón… Eso se fue pasando al centro de salud y se facilitaron los turnos para que puedan tener completo su esquema de salud y de vacunas”. En el Club Arroyito se construyó una pileta semiolímpica, la primera en un barrio popular, y es a partir de ese espacio que pudieron realizar chequeos de salud de les niñes para poder ingresar a la pileta, lo que contribuyó a tener un control pero también a descubrir enfermedades o sintomatologías.
Tejer redes entre los barrios
Carolina comenzó su trabajo social en el Club Arroyito y desde ahí se sumó a la agrupación Irma Carrica. “Tuvimos el agrado de hacer una diplomatura en Promoción Comunitaria de Salud, unas 52 compañeras se recibieron el año pasado, es una diplomatura avalada por la Universidad de la Plata, y desde allí continuaron cumpliendo con los roles y el trabajo que cumplían en sus distintas instituciones”.
Es en ese trabajo que hacen a diario que, como dice Carolina, “tejemos redes entre los barrios para poder laburar en conjunto entre las distintas instituciones y, en nuestro caso, con el Centro de Salud ya que se nos complica mucho tener que sacar turnos para los tratamientos o situaciones que tenemos en el club. En todos los barrios del relevamiento ocurre lo mismo, es casi imposible conseguir turnos, tienen que ir las personas el día anterior, esperando toda la noche fuera, para conseguir un turno y a veces no lo logran”.
Sobre el final de la charla, la promotora comunitaria reflexiona y cuenta: “Nuestro club es llevado adelante por mujeres, hay algunos varones talleristas, pero a lo largo de los años somos nosotras las que permanecemos y eso nos hace sentir orgullosas. También nos da fuerzas para seguir luchando, porque hay que enfrentarse a todas las gestiones y a lo que pasa a través de los años. Acá estamos, batallando en territorio”.


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