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Las santafesinas la pagamos más caro

crisis económica
Ocho de cada diez jóvenes santafesinos no logró la independencia económica y seis de cada diez necesita ayuda familiar para llegar a fin de mes, según el último Sondeo Joven de Termómetro Santafesino. Los datos también muestran que la crisis pega distinto: las mujeres jóvenes acceden menos al empleo formal y cobran menos que los varones.

Federica Kesseler


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Autora: Gise Curioni

¿Cuántas veces en el último tiempo la conversación con tus amigas giró en torno a la crisis económica? Cambiar de laburo, sumar otro laburo, dónde comprar las milanesas más económicas o cómo conseguir un maple de huevos unos pesos más barato. Esos problemas que muchas veces tendemos a individualizar, pensando que todo es culpa de los malditos gastos hormiga o de ese cafecito que nos compramos de vez en cuando, en realidad no son un problema tuyo. Son el síntoma de una crisis que hace rato dejó de ser excepcional para convertirse en la forma cotidiana en la que vive toda una generación.

El último Sondeo Joven de Termómetro Santafesino, realizado durante el primer semestre de 2026 con personas de entre 18 y 35 años de la ciudad de Santa Fe, lo confirma con datos: ocho de cada diez jóvenes no logró alcanzar la independencia económica. Y entre quienes sí lograron mudarse solos, seis de cada diez tuvo que recurrir a ayuda familiar en los últimos tres meses para sostener su economía cotidiana.

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La plata ya no organiza el futuro, organiza la supervivencia

Como es de esperarse, en un contexto como este, el futuro deja de ser pensado y planificado para pasar a ser una deriva. Ahí es donde el único futuro posible que aparece es el mes siguiente. Porque cada peso que entra dejó de organizar un proyecto de vida, para empezar a organizar la supervivencia del mes. 

El ejemplo más claro es el alquiler: seis de cada diez jóvenes inquilinos destina entre el 30% y el 50% de todos sus ingresos exclusivamente a sostener un techo, y el 67,5% reconoció haber recortado gastos básicos como alimentos, ropa o servicios para poder seguirlo pagando. La vivienda pasó a competir directamente con comer.

La crisis no pega igual

Sería un error pensar que esta crisis golpea a todos de la misma manera. Y los datos del informe lo dejan muy claro.

Mientras el 45,7% de los varones santafesinos encuestados consiguió un empleo formal, apenas el 23% de las mujeres accedió a una relación de dependencia registrada. Casi una de cada cuatro jóvenes trabaja mediante pasantías, becas o asignaciones estímulo, mientras que entre los varones esa modalidad prácticamente no existe. Y esto ocurre en un contexto donde las mujeres invierten más tiempo y recursos en su formación que los varones, pero el mercado laboral local devalúa sistemáticamente esas credenciales.

Las consecuencias en el bolsillo son directas: casi 5 de cada 10 mujeres jóvenes declara que su remuneración no alcanza para cubrir el costo de vida, contra 3 de cada 10 varones. Y para cerrar esa brecha, las mujeres jóvenes necesitan un 20% más de asistencia económica familiar que los varones para cubrir sus gastos básicos. Es decir, la red de contención familiar también está atravesada por la desigualdad de género.

Ahora bien, las mujeres seremos más pobres, pero siempre mucho más inteligentes. Hay un dato donde las mujeres "ganamos": mientras apenas el 2,9% de las mujeres declaró apostar dinero en plataformas online, ese porcentaje asciende al 28,2% entre los varones.

Y ese dato también habla de la crisis. Porque pareciera que el mismo mercado que precariza a las mujeres les ofrece a los varones una forma más creativa de sacarles plata: la fantasía de hacerse ricos rápidamente. Aunque si me preguntan a mí, esto solo es una consecuencia más de la desproporcionada autoestima masculina. 

Ahora bien, me atrevo a pensar que el único dato que tanto varones como mujeres sufren por igual es el sinsentido que produce esta crisis. Si bien nosotras la pasamos peor, la plata ya no le alcanza a ninguno. Los sueldos ya no pueden pagar ni el presente, pensar en el futuro se volvió un consumo suntuoso y llegar a fin de mes parece ser casi el único horizonte de una generación que parece estar desesperada por encontrar alguna zanahoria detrás de la cual correr.