Producidas las pruebas y escuchados los testimonios, se esperan los alegatos de la querella para el próximo 23 de julio y la sentencia para el jueves 30. La revisión de los efectos de la represión sobre infancias y adolescencias fue el eje del juicio denominado Laguna Paiva II.
Mariana Steckler

El juicio por la causa Laguna Paiva II, que comenzó el 5 de mayo de este año en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, se va acercando a su fin. El 30 de julio está previsto que se dicte la sentencia de este proceso judicial histórico en nuestro país, que juzga el secuestro, la tortura, el abuso y el abandono de 16 niños, niñas y adolescentes durante la última dictadura cívico-militar como delitos de lesa humanidad.
El 2 de julio terminaron de declarar los llamados “testigos de concepto”, que son, según describe Amnistía Internacional, “expertos, investigadores académicos y especialistas en ciencias sociales citados por las partes acusadoras. Su función es aportar un marco analítico sobre la sistematicidad de la represión, el plan de exterminio y el impacto social del terrorismo de Estado”. Así comienza su última etapa el juicio Laguna Paiva II.
Especialistas y testigos
La abogada Julia Giordano, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), explicó que el rol de la querella en el juicio es llevar al tribunal las voces de las víctimas, protagonistas y expertos para transformar lo que la sociedad afirma en una sentencia judicial. Se considera fundamental incluir testimonios de quienes pueden dar cuenta de un saber específico en temáticas que son clave para el juicio, en este caso derechos de la niñez y adolescencia. “El derecho es una construcción social que visibiliza en un discurso técnico las relaciones de fuerza de una sociedad, garantizar un lugar en la administración de justicia a todas esas voces es nuestra principal tarea”, señaló.
Así, se escucharon los fundamentos y perspectivas de Nora Pulido (profesora de Historia, coordinadora del Colectivo de Derechos de Infancia y Adolescencias), Antonio Sebastián Guillermo Ramos (exjuez del fuero penal de sentencia), Carlos del Frade (periodista de investigación), Martha Andrada (directora del Centro de Investigaciones en Derechos de Infancias y Adolescencias de la UNR, exasesora legal de INADI y docente universitaria), Nelly Minyersky (abogada especializada en derecho de niñeces y adolescencia, docente de la UBA y corredactora del Código Civil de 2015), Natalia Verónica Amatellio (psicóloga clínica de niños, niñas y adolescentes, docente, codirectora del Centro de Estudio e Investigación en violencia y abuso sexual de la Facultad de Psicología de la UNR, investigadora e integrante del Centro de violencias y abusos de la Facultad de Psicología), Sigrid Dadolstto (psicóloga y psicoanalista, especializada en niñeces y adolescencias, miembro de la APDH, integrante de la organización mexicana Ludens) y Marta Liliana Vivas (testigo y víctima).

La premeditación en los crímenes contra las infancias
El primer testimonio fue el del periodista Carlos del Frade, quien trazó una línea histórica del aparato represivo en Argentina y, en particular, en Santa Fe. La causa Laguna Paiva, afirmó, “demuestra que el objetivo del golpe fue la persecución de trabajadores con ideas de igualdad y justicia social”, en el marco de una estrategia planificada desde años previos al golpe de 1976. Además, detalló que los crímenes conta las infancias y adolescencias formaron parte de “manuales militares de contrainsurgencia elaborados y difundidos por el Ejército Argentino”, lo que da cuenta de la sistematicidad de la violencia estatal.
A continuación, Nora Pulido explicó el impacto de los crímenes en las niñeces a través de las categorías de crueldad, abandono e intemperie. De esta manera, los diferenció de la figura tradicional de violencia física ya que ésta no alcanza a describir, a incluir la “desestructuración psíquica y social a la que fueron sometidos”. Así se explica el accionar del terrorismo de Estado en su intento por sepultar la escuela de pensamiento asistencial y humanista.
Por su parte, al describir a la crueldad, no lo hizo restringiéndose al exceso de violencia sino como un “mecanismo institucional y sistemático de deshumanización”. Se habla de “crueldad planificada: el dispositivo represivo utiliza la vulnerabilidad extrema de la infancia como un vector para amplificar el daño familiar y social”.
Niñeces y desamparo estatal
El exjuez penal Antonio Ramos, expresó que es la primera vez que se juzga el delito de "abandono de personas" como un crimen de lesa humanidad en el fuero federal. Aclaró que haber expuesto o dejado en desamparo a las niñeces fueron los verdaderos medios que conllevaron al peligro concreto. Y lo más importante, explicó que el abandono de niñeces durante la dictadura configura dolo ya que “las fuerzas de seguridad conocían el peligro al desamparar a los niños tras detener a los padres”.
La abogada Martha Leticia Andrada aseguró que la infancia no es un “dato biológico o natural inmutable”, por el contrario, es una construcción socio histórica y, como tal, varía según la época, la región y las clases sociales. En nuestro país, durante la dictadura, estábamos bajo el Régimen de Patronato por lo que el Estado asumía un rol de "buen padre de familia", con un poder omnímodo a través de jueces de menores que debían proteger a las infancias ante situaciones de desprotección o “peligro moral y material". Es indudable, entonces, que no existía justificación legal alguna para secuestrar, separar o desproteger a ningún niño o niña de su hogar o de su familia.
Para la letrada, el plan sistemático contra las infancias no fue una acción improvisada sino deliberada. La embestida a los hogares en mitad de la noche, el destrozar juguetes, colchones, útiles escolares, secuestrar o torturar a los padres frente a los niños fue una “política coordinada”. Además, consideró que el accionar fue usado como una herramienta de coacción psicológica para destruir a las familias y forzar las declaraciones de sus padres.

Huellas que perduran
La psicóloga Natalia Amatellio aseguró: “la infancia no es una adultez en pequeñito”. Por el contrario, constituye una etapa fundamental para la estructuración del psiquismo de una persona. Ningún niño o niña puede sostener sus cuidados de manera autónoma, y por cuidado no se refiere solamente a la alimentación, el sueño y la higiene sino a la “traducción del mundo”: todo lo que hemos naturalizado en la vida adulta tiene la apoyatura de un “otro” traductor del mundo.
La respuesta a los “huecos de significaciones” que van dejando en sus relatos los hoy adultos son el reflejo de la búsqueda de ese “otro” adulto que no estuvo durante un tiempo. Y esas marcas pueden durar toda la vida, según aseguró. “Una situación de peligro extremo, de vulnerabilidad por la infancia misma va a generar en el psiquismo un quiebre y una marca que genera distintos tipos de síntomas”. Como la mayoría de los testigos, habló sobre la crueldad y no como una emoción sino como concepto, una categoría que indica todas las formas en que un sujeto logra llevar a esa persona a un estado de cosificación absoluta, de deshumanización absoluta.
La abogada Nelly Minyersky aseguró que la memoria también se conserva a través de las leyes, la jurisprudencia que “va cambiando porque cambia la vida”. En el plan sistemática de la dictadura hubo niños apropiados, niños nacidos en cautiverio, niños institucionalizados y después adoptados con adopciones falsas. “Deberían ser anuladas las adopciones que tuvieran por antecedente un ilícito”, aseguró.
"Agujeros en la psiquis" con antecedentes
Nelly encontró como antecedente dos sistemas totalitarios que también tenían como objetivo las infancias: el nazismo alemán que cuando invadió, por ejemplo, Polonia, secuestró niños de raza aria, o cuando secuestraron hijos de presos opositores al régimen hitleriano. El otro sistema es el de Franco en España: separar niños de sus familias, apropiarlos e integrarlos a personas afines al régimen fue un ítem común. “Siniestramente esta política de secuestro y apropiación de niños y niñas en la Alemania nazi y la España franquista fue repetida en nuestro país”. En Argentina, el método del abandono de infancias también está enmarcado en ese tipo de políticas de crueldad y “el tribunal debe resolver que son delitos de lesa humanidad”, completó la idea.
La psicóloga especializada en niñeces y adolescencias miembro de la APDH, Sigrid Dalostto, explicó a su turno que los traumas en la infancia detienen el tiempo y dejan indefensa a la persona, con un “agujero en la psiquis”. Recién en la adultez se puede empezar a sanar poniendo en palabras lo sucedido. Porque siempre “el cuerpo tiene memoria de lo traumático”, concluyó.
La reparación a través de la justicia
¿Qué genera un juicio oral que ventila estos delitos? “Esperanza. Da la posibilidad de sanar y lograr dignidad. Aunque parte de la sociedad les haya dado la espalda recuperan el marco de legalidad a través de estos juicios”. Las personas sobrevivientes de la dictadura coincidieron en una aspiración máxima de reconocimiento y sanción hacia los responsables a través de la justicia.
La última persona testigo fue, a la vez, víctima: Marta Liliana Vivas. Lo último que recuerda con nitidez de aquellos días de 1980, cuando tenía seis años, fue que su mamá la paró en una silla y le puso un vestido azul con detalles rojos. Luego, que entró gente a su casa, algunos con uniforme verde y que revolvieron todo. Lo peor, se llevaron a su mamá, Ramona Isabel Páez, con los ojos vendados. Quien le cuenta lo que ella misma vivió fue su hermana, porque Marta sólo encuentra vacío en su memoria.

Su mamá fue liberada poco más de un mes después: entró a la casa rápidamente, no quiso hablar de lo que había vivido ese tiempo estando detenida, dejó de participar en las actividades de la escuela del barrio, no volvió a llevar a sus hijas al parque. En cambio, comenzó a beber y se volvió alcohólica. Murió en 2015 sin haber declarado nunca por miedo.
Marta contó, también, que su hermana reconoció en el Juicio Laguna Paiva I a Eduardo Riulli como la persona que se había llevado a su mamá. “Lo único que nos va a rescatar es la justicia”, aseguró. “Nunca conseguí que me vuelva la memoria de esos días. Me han dicho que es como el bicho bolita, que ante el peligro se repliega”.
Autora: Mariana Steckler, colaboración para Periódicas
