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Si vamos a trabajar 12 horas, hablemos de guita

Que la Gen Z no tiene futuro no es novedad y la reforma laboral vino a reforzar esa desesperanza. Pero estas semanas, así como se habló mucho de trabajo, se habló muy poco de guita. ¿Cómo ve la Gen Z a la guita? ¿Los varones la ven de la misma manera que las mujeres? Obvio que no. Acá te explico por qué y que son las "frugal girl", una tendencia que trae una pequeña revolución.

[su_heading size="14" align="left" margin="4,2,"] Federica Kesseler[/su_heading]

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Autora: Gise Curioni

Los millennials suelen ver a la Gen Z (los nacidos después del 2000) como: apostadores, gastadores seriales de plata en boludeces y estafadores vende cursos. Y no voy a mentirles, hay muchos varones que lo son. Pero hoy vengo a demostrar que, como siempre, las mujeres somos mucho más inteligentes que los varones, incluso cuando se trata de guita.

Hace rato que la vida de la Gen Z está cada vez más marcada por tendencias de redes sociales que ya no solo nos dicen cómo vestirnos, sino que además nos proponen un estilo de vida. Lo que se dice un lifestyle, una vida ideal en la que, obvio, siempre tenemos que ser flacas, además de hegemónicas y presumiblemente hetero, pero que además está pensado para consumir exactamente la moda a la que ese estilo de vida se linkea.

Hoy esta hija pródiga del dos mil te va a explicar una de esas categorías. Una de las pocas que, al menos en apariencia, parece tener algo revolucionario.

Vivimos en un internet que clasifica todo. Según TikTok somos una clean girl, una messy girl o una trad wife. No importa quién seas: siempre hay una etiqueta lista para explicarte qué sos y, más importante aún, qué tenés que consumir acorde a esa identidad prêt-à-porter.

El algoritmo no solo organiza contenido: organiza identidades. Y en ese zoológico algorítmico aparece una nueva especie: la frugal girl. Y no es casual el girl”. Aunque el concepto podría ser neutro, en la práctica es una tendencia mayormente adoptada y difundida por mujeres jóvenes.

Y ustedes dirán: ¿qué porquería nueva es esta? Bueno, es un poco una porquería, pero tiene un lado bueno. Ustedes confíen en mí.

 

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En realidad, la idea de la frugal girl deviene del frugal chic, un estilo de vida y una estética que comenzó a ganar fuerza en TikTok hacia fines de 2025.

Quien empieza a desarrollar esta tendencia es Mia McGrath, ex modelo británica de alta costura que devino influencer, pero con una particularidad: orientó su contenido hacia las finanzas personales. Desde ahí comienza a construir el concepto de frugal chic.

Visualmente, el frugal chic se parece bastante al old money: todo limpio, prolijo, unificado, sin estridencias ni ganas de destacar. Pero la diferencia no está en la estética, sino en el sentido que se le da. Mientras el old money proponía consumir marcas como forma de ostentar estatus, el frugal chic plantea otra lógica: comprar menos, pero mejor. Apostar a objetos de calidad para que duren más.

Es una idea muy cercana a esa amiga que, después de encontrar una oferta en Adidas, se vuelve compradora consciente y te explica (con una pasión casi militante) que la marca dura, que calza mejor, que a la larga conviene, etc., etc.

Ajá, ¿y cuál es el punto de todo esto?

Hasta acá, una podría pensar que esto es una pavada, que no se trata de otra cosa más que de una moda de redes sociales que aparece en tiempos de recesión económica, como tantas adaptaciones que la moda atravesó a lo largo de la historia según los vaivenes de la economía.

Pero, así como la tendencia de las trad wives nos vende la importancia de la familia y los productos caseros (que podrían terminar matándote de botulismo), el frugal chic viene a plantear un estilo de vida donde lo fundamental es no gastar guita. Y acá está lo revolucionario.

En un internet donde Shein insiste con que el sueño neoliberal de consumo infinito con un sueldo finito y precarizado es posible, el frugal chic viene a decir algo bastante básico pero profundamente incómodo: che, sos pobre, el mundo está en recesión y hay que hablar de plata.

Quizá a nosotras, sudacas y sin un peso, lo que diga esta británica no nos convoque demasiado. Porque, en realidad, nosotras (y antes nuestras madres y nuestras abuelas) fueron siempre las verdaderas reinas del frugal chic. Nuestras abuelas sobrevivieron a la recesión de los 70 después de la crisis del petróleo; nuestras madres, al avance del neoliberalismo en los 90. Pero hay una diferencia clave: en esas épocas, el consumo masivo no era algo extendido. El estatus era ir al shopping, volver cargada de bolsas, comprarse una planchita. Pero al menos en Latinoamérica, era un privilegio de las clases altas. Era el aspiracional, no era lo normal dentro de un grupo de amigas; no todas consumían así.

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Autora: Priscila Pereyra

El gran problema de mi generación es que nos están haciendo creer que ese hiperconsumo ahora es accesible para todas. Que todas podemos acarrear bolsas, solo que ahora son bolsas de Shein. Y en parte es cierto: los precios de las plataformas chinas son absurdamente bajos y cualquiera puede comprar. Pero nada aparece porque sí. Estas plataformas existen en un mundo postneoliberal, donde aquel neoliberalismo noventoso que vivieron nuestras madres se volvió todavía más cruel. El mejor ejemplo de esto no es otro que la actual reforma laboral que no hace otra cosa que reducir el trabajo a la servidumbre. 

En este contexto, las redes sirven para que las grandes empresas de consumo masivo vengan a decirnos que podemos consumir infinitamente, aunque seamos cada vez más pobres. Y ahí es donde el frugal chic deja de ser una estética y se vuelve una conversación incómoda, pero política y necesaria, sobre la plata. Algo de lo que históricamente nunca se le habló a las pibas.

Porque si bien históricamente fuimos nosotras las que administramos la escasez, las que estiraron el sueldo, compararon precios y sostuvieron economías domésticas imposibles, casi nunca se nos enseñó a hablar de plata. Se nos enseñó a sobrevivir y no a pensar la plata como una forma de poder. Por eso que hoy las pibas hablen de guita, aunque sea desde una estética minimalista de TikTok, tiene algo de revolucionario.

Mientras internet siga vendiéndole cursos falopa de “cómo hacer guita” a los pibes, y al mismo tiempo diciéndole a las pibas que la única alternativa a trabajar como una esclava es poner el orto en Online Fans, esta británica que dice que hay que ahorrar, hablar de plata y romper con la lógica del hiperconsumo para aspirar a cierta estabilidad financiera, va a seguir siendo una revolucionaria del siglo XXI (al menos hasta que alguna oposición progre asome la cabeza).

Y como pasa con casi todo lo que circula en redes, la pregunta no es si esta tendencia es buena o mala, sino qué nos está queriendo vender. Si nos quieren vender suéteres carísimos, que van a durar mil años, pero eso va a hacer que las pibas hablemos de guita, bienvenido sea.