En tiempos de desgaste político y anímico, sostener un medio transfeminista implica algo más que publicar: es cuidar el deseo, cambiar el mapa de lo posible y aprender a crecer en terreno hostil. Una reflexión sobre el tiempo propio, la resistencia colectiva y la decisión ética de mirar lo que todavía brota.
[su_heading size="14" align="left" margin="4,2,"] Titi Nicola[/su_heading]

"No se le puede tener miedo al tiempo de uno", dijo en estos días Lucrecia Martel, y esa frase se siente hoy como un refugio y, a la vez, como un manifiesto. Habitar este desmantelamiento sistemático de lo conquistado se siente, a veces, como caminar un eterno mediodía de enero bajo el sol del litoral.
Ser un medio transfeminista en esta orilla es entender que la tarea nos trasciende. Como dice Alessandro Baricco, "los bárbaros" no vienen necesariamente a destruir; vienen a cambiar el mapa. Nosotras, desde esta partecita del mundo, aceptamos ese mote: somos esas bárbaras que reclaman un tiempo donde el consentimiento digital sea una práctica real, donde el software sea soberano y donde nuestra forma de mirar el mundo no sea un recurso para ser extraído por una plataforma, sino un territorio fértil para ser compartido.
Resistir la erosión anímica es hoy nuestra urgencia. El avance de las derechas no es solo un fenómeno legislativo o económico, es, fundamentalmente, un ataque anímico. Por eso, cuando una de nosotras no puede, hay otra que sostiene el espacio: esa es nuestra mayor victoria.
No quiero nunca más que alguna crisis posible sea un fracaso, sino el suelo quemado donde aprendemos a cultivar formas más resilientes de estar juntas, y eso requiere tiempo, distancia y aprendizaje. Lograr reverdecer tiene un costo y la exposición directa a un clima hostil agota; pero en un mundo que nos exige ceguera y velocidad, la atención puede ser una trinchera.
La decisión ética de mirar lo que crece
Diana Bellessi nos dice que hay una "pequeña voz del mundo" que insiste. Una voz mínima, casi imperceptible, que atraviesa el ruido y persiste. Si el tiempo actual es un clima de extremos y sequías, nos toca ser esa planta nativa que tiene la fuerza de lo que crece a la intemperie, adaptándose y hundiendo raíces en lo local para no ser arrancada.
Mirar lo que crece es, finalmente, una decisión ética; es elegir, cada día, no dejar que el sol de la crueldad nos seque el deseo de lo que vinimos a buscar.

Cumplimos años con la certeza de que la tecnología más sofisticada que hemos desarrollado no es el CMS de nuestra web, ni nuestras métricas en redes sociales, ni la cantidad de caracteres escritos. Nuestra mayor innovación ha sido siempre, la capacidad de cuidarnos en medio de la tormenta.
Deseo, hoy más que nunca, que nuestra mayor rebeldía sea seguir brotando juntas y tener la paciencia necesaria para quedarnos ahí, de pie, viendo cómo todo sigue creciendo aunque sea un poquito.

Programa, edita, diseña y saca fotos. Siempre cranea ideas para el laburo colectivo.
