Una iniciativa colectiva buscó transformar hilos en memoria y personas de todo el país bordaron los nombres de los 30.000 desaparecides. Desde Santa Fe más de 300 pañuelos viajarán al Museo Etnográfico en Buenos Aires para unirse al resto, convertirse en bandera y recorrer el país.

Este 2026 se cumplen 50 años del golpe de Estado que arrasó a nuestro país. Puede parecer una cifra redonda, lejana, pero al detenernos surge una pregunta inevitable: ¿Cuánto tiempo ha pasado y, sin embargo, cuán abiertas siguen las heridas? La memoria es una construcción colectiva que elegimos sostener, cuidar y reafirmar. Especialmente en tiempos hostiles, atravesados por discursos negacionistas y de odio, recordar es también una forma de resistencia y de compromiso con el presente.
En este nuevo aniversario, el grupo “Bordando Luchas” lanzó una propuesta que entrelaza arte y memoria: fortalecer el recuerdo a través de los hilos. La iniciativa convocó a más de 100 personas en todo el país, que bordaron los nombres de 30.000 desaparecides. Cada puntada se transformó en una trama colectiva que reafirma el reclamo de memoria, verdad y justicia.
En Santa Fe fueron muches quienes bordaron y entrelazaron no solo sus hilos, sino también sus recuerdos. Este jueves, en el Espacio de Memoria de la Ex Comisaría 4ª -ubicado en Tucumán y Bv. Zavalla- se realizó la exposición de los 300 trabajos antes de su envío al Museo Etnográfico en Buenos Aires. Allí se reunirán con el resto de los bordados provenientes de todo el país para formar una gran bandera que se presentará el próximo 24 de marzo y que va a itinerar por todas las provincias.

Proyecto colectivo, trama solidaria
Stella Vallejos -militante histórica en Derechos Humanos, querellante y testigo en juicios por delitos de lesa humanidad- fue una de las tantas manos que bordaron los nombres. Le contó a Periódicas que “nos llegó la propuesta y muchísima gente se fue sumando. No hubo flyer ni campaña formal, todo fue boca a boca. Alguien se enteró, le contó a otra persona, esa persona a otra más y así fue creciendo este proyecto colectivo”.
“La consigna era clara -sostuvo Stella- que el nombre de cada compañero y compañera se destacara. Después, cada quien podía agregar lo que cada uno deseara, lo que le inspirara la vida de ese compañero. Si uno recorre los pañuelos, vas a ver que uno tiene el escudo de Colón porque el compañero era colonista; otro con un mate, porque estaba tomando mate en el momento en que lo secuestraron. En otro hay notas musicales porque era músico o en otro un guardapolvo blanco porque la compañera era docente. En cada bordado hay un detalle de la vida de ese compañero o compañera”, explicó.
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La periodista Mariana Steckler fue otra de las bordadoras y, en su caso, bordó el nombre de Marta Zamaro, abogada y periodista santafesina quien, junto a la enfermera Nilsa Urquía, fue secuestrada el 15 de noviembre de 1974. “Podíamos elegir a quien bordar y en mi caso, gracias a Cintia Mignone de la Asociación de Prensa que nos hizo conocer su historia, elegí a Marta Zamaro. Con Nilsa defendían a presos políticos, escribían en diarios y fueron secuestradas. Así como Rodolfo Walsh o las madres y abuelas, son ejemplos, guías y faro en los cuales intentamos mirar y, con toda la humildad y emoción, tratamos de acercarnos un poco a lo que ellos hacían”.

En la ciudad de Esperanza se bordaron 13 pañuelos, ocho de ellos fueron hechos por integrantes de Se Dice de Mí. Rosana Oitana, una de ellos, contó: “Nos sumamos a esta convocatoria porque nacimos como una colectiva que recupera historias desde el bordado; ponemos nuestras manos en acción para rescatarlas. También porque como feministas reconocemos en nuestra genealogía constituyente de lucha al movimiento por los Derechos Humanos y, principalmente, a madres y abuelas. Llegamos a esta propuesta porque en nuestra ciudad había familiares bordando y, al ponernos en contacto, quedaban muchos nombres por bordar. Pero por sobre todo, nos sumamos porque creemos que la salida es colectiva”.
“Yo elegí dos nombres: el de Roberto Stegmayer, porque atravesó mi vida su historia ya que fue el tío de mi amiga Eri. A él le bordé una trama urbana porque era arquitecto. También el de Gastón Robles, en el que bordé unas semillas de algarroba porque fue secretario de Agricultura de Cámpora y decano de la Facultad de Agronomía de Esperanza, esposo de Flora Pasatir, también desaparecida estando embarazada, por lo que aún resta saber dónde está ese hije”, expresó.
En una tarde nublada, con la tregua que dio el calor santafesino, el patio de un ex un centro clandestino de detención fue esta vez espacio de reencuentro, abrazos y emoción, para honrar el ejercicio colectivo de no olvidar.

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