A partir de la alianza entre la Dirección de Salud Sexual Integral del Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, junto al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina y la organización Ipas Latinoamérica y el Caribe, se realizaron talleres, capacitaciones y dispositivos móviles que recorrieron la provincia para acercar los derechos sexuales y reproductivos a cada comunidad, allí donde el acceso todavía encuentra barreras.

El calor anuncia un octubre veraniego en la reciente primera ciudad del departamento Garay. El equipo del Ministerio de Salud de Santa Fe llegó a Helvecia luego de una intensa tormenta nocturna. Las calles de arena mojada los recibe, esa arena que es parte de la fisonomía de la localidad, en donde el ciclo de la vida cotidiana se adapta a los ciclos del río y le da identidad a esta comunidad.
En el Salón de Usos Múltiples de Amsafe un grupo de mujeres se apura a preparar los mates y llenan tazas de café, manotean algunos bizcochos y, en ese desayuno de a pie, charlan entre ellas y se escuchan los prólogos de algunas historias que se leerán en el recorrido de esta crónica. Las sillas se acomodan y arman una ronda, el proyector se enciende, el taller comienza.
Los derechos sexuales y reproductivos constituyen una extensión fundamental de los derechos humanos, asegurando que cada individuo tenga el poder de decidir sobre su sexualidad con plena libertad, confianza y seguridad. En la práctica, muchas veces, hay obstáculos que dificultan e impiden su acceso.
No son solo las personas que intentan acceder a estos derechos quienes se ven atrapadas una serie de dificultades. También los profesionales de la salud se enfrentan a barreras que escapan a su control. Con frecuencia, carecen de las herramientas necesarias —tanto materiales como académicas— para brindar la asistencia y el acompañamiento que los usuarios del sistema de salud requieren en momentos de vulnerabilidad.
En la búsqueda de cambiar esta situación es que por dos años equipos de trabajadores y trabajadoras de la Dirección de Salud Sexual Integral del Ministerio de Salud de la provincia de Santa Fe, junto al Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina y la organización Ipas Latinoamérica y el Caribe, llevaron adelante un ambicioso plan que apuntó, sin lugar a dudas, a igualar derechos. Para ello, recorrieron las rutas santafesinas y llegaron a casi un centenar de localidades, alcanzando a un total de 103 efectores de salud de 17 departamentos y 407 profesionales.
Este plan promovió el desarrollo de dispositivos móviles de atención de la salud sexual integral con el objetivo de fomentar el acceso a derechos sexuales y reproductivos. Un paso fundamental que se dio a través de esta estrategia, llevada adelante mediante talleres, fue la actualización para la colocación de métodos anticonceptivos de larga duración, como el implante subdérmico de dos varillas, el dispositivo intrauterino (DIU) y el sistema intrauterino (SIU), además de la técnica de Aspiración Manual Endouterina (AMEU). También hizo lo propio al abordar aristas de las infecciones de transmisión sexual (ITS); además, se pudo intercambiar experiencias y capacitar sobre la importancia de los registros de estas prácticas.
Flavia, médica e integrante del equipo del Ministerio de Salud de Santa Fe y una de las profesionales que estuvo a cargo de las capacitaciones, fue quien destacó que la importancia de esta iniciativa tiene que ver, fundamentalmente, con la presencia del Estado en los distintos lugares, con identificar problemáticas que son necesarias poner en agenda, cuestiones que a veces, en el vértigo de la atención cotidiana, pasan de largo. “Tenemos que hacer un parate, pensar y repensar de manera colectiva nuestras prácticas. Se trató de muy buenos encuentros, de los que hacemos un balance positivo, en primer lugar por esto de sostener la presencia del Estado en distintas localidades de la provincia, que es algo que los equipos siempre agradecen; porque una cosa es hablar por teléfono y otra, vernos”.

El valor de los vínculos
En el transcurso de los diversos encuentros se abrió un espacio de intercambio entre los profesionales de la salud, donde se pudieron escuchar diversas voces y experiencias. Fue la oportunidad para adentrarse en la esencia particular de cada localidad y región, trazando diagnósticos participativos que revelaron las dificultades y oportunidades en el acceso a los derechos sexuales.
Se trató de un proceso que no solo permitió entender las realidades concretas, sino también poner en marcha un esfuerzo conjunto hacia la actualización profesional, siguiendo directrices y protocolos específicos destinados a los equipos de salud, una brújula en la mejora del cuidado.
Fue un espacio amigable, la palabra circuló sin barreras, trazando caminos de entendimiento y enriqueciendo el diálogo con una perspectiva de derechos. En ese ambiente de confianza se tramaron ideas, se tejieron redes, se forjaron y fortalecieron alianzas entre profesionales que, desde pequeñas comunidades, ejercen su labor con una profunda humanidad y empatía. Cada conversación fue un hilo más en el tapiz colectivo, donde el saber compartido se transformó en un puente hacia un futuro más justo y solidario.
Lo que también quedó manifiesto en estas rondas de intercambio es la relación entre profesionales de la salud y quienes reciben su atención, que en estas localidades posee una impronta única que la distingue claramente de la que se forja en las grandes ciudades. Allí la interacción se construye con cercanía, se trata de vínculos en los que el tiempo y el conocimiento mutuo juegan un papel fundamental. Estos profesionales son figuras conocidas desde la niñez, casi parte de la historia personal de quienes acuden en la búsqueda de su atención. Si bien esta familiaridad puede fomentar una confianza profunda, en ciertos casos, y tal vez por eso mismo, también puede convertirse en un obstáculo.
En estos lugares, donde las fronteras entre lo público y lo privado se difuminan, los vínculos tienden a ser más fluidos y menos formales, ya que las personas no solo se vinculan desde lo profesional, sino también en su contexto social y familiar. El reto es encontrar el equilibrio entre cercanía y profesionalismo, para asegurar que el bienestar de quienes acuden al sistema de salud no se vea comprometido.
Flavia hizo hincapié en el valor del encuentro: “Compartir un momento, conversar de las dificultades que vamos teniendo y, sobre todo, ponerle caras a las personas con las que trabajamos cotidianamente, con las que a veces nos conocemos por un correo electrónico o un mensaje de WhatsApp, es muy gratificante. Avanzar en la capacitación y sensibilización de los equipos en lugares en donde a veces les cuesta llegar a las capacitaciones que se hacen en Santa Fe o Rosario; ir hacia ellos para facilitar su formación en ciertas prácticas, o profundizarlas, es también muy valioso. El balance del trabajo en los territorios con estos compañeros y compañeras siempre es muy gratificante”, aseguró.
Capítulo Helvecia: alma de la ribera
Si queremos quedarnos solo con un leve pantallazo de lo que es Helvecia, podemos utilizar un buscador y leer cómo Wikipedia nos cuenta que “es la ciudad cabecera del departamento Garay, provincia de Santa Fe, Argentina. Dista 94 km al norte de la capital de la provincia, sobre la Ruta Provincial 1. Limita con la margen oeste del río San Javier”. Pero adentrarse en Helvecia va mucho más allá de lo que nos pueden contar en Internet. Sus costumbres y su gente, su alma ribereña, superan las escuetas descripciones de una tierra que fue poblándose de colonos suizos allá por 1865.
El río San Javier no solo es una fuente de recursos y un atractivo turístico para Helvecia, sino también un elemento que da identidad a la comunidad. Su proximidad al río convierte a Helvecia en una localidad con una fuerte cultura ribereña: su movimiento está adaptado a los ciclos de crecida y bajante, lo cual ha influido en la organización territorial, las actividades económicas y en la convivencia con el entorno natural.

Raíces ancestrales
Las realidades de las grandes y pequeñas ciudades distan mucho entre sí; cada rincón de la bota santafesina lo refleja. Tierra sembrada de costumbres y tradiciones que nacieron a los pies de los inmigrantes europeos, que en esas tierras -con sus 720 kilómetros de norte a sur y 380 kilómetros de este a oeste- encontraron el amor, fundaron familias, levantaron fábricas, araron la tierra y arrearon el ganado.
En este mosaico también resuenan las voces ancestrales de las comunidades Qom, Mocoví y Mapuche, cuyos pueblos han habitado Santa Fe mucho antes de la llegada de los colonizadores. Hoy sus organizaciones y líderes actúan como custodios de una herencia viva, recordando el valor de sus raíces en esta tierra compartida. Es el caso de Helvecia, en cuyas tierras conviven cuatro comunidades mocovíes: 2 de Febrero, Aymocoy, Cacique Santos Añudo y Calle Ancha.
Verónica desempeña su labor en el Centro de Salud de Helvecia Norte, emplazado en la zona rural, a unos siete kilómetros de la ciudad. Este espacio es más que un simple centro de atención médica: reúne y brinda cuidado a las cuatro comunidades mocovíes. Verónica no solo cumple con la tarea de recibir a quienes llegan en busca de ayuda, sino que también se ha convertido en una figura fundamental para estas comunidades, uniendo los lazos entre ellas y el centro de salud.
Sin embargo, su papel no se limita a ser una agente sanitaria: es una integrante más de la comunidad Aymocoy. Durante 15 años presidió el Consejo comunitario, un espacio destinado a preservar la historia ancestral de los pueblos indígenas y, al mismo tiempo, comprometido con la mejora de la calidad de vida de sus integrantes. La salud, como parte esencial de ese bienestar, es una de las áreas en las que Verónica ha dejado una huella imborrable, guiada por un profundo sentido de responsabilidad hacia su gente y sus raíces: “Al tener unos 20 años trabajando junto a las comunidades, existe un vínculo de confianza que me sirve para trasladar inquietudes hacia las enfermeras o la médica. Primero trabajé en el hospital y hace dos años estoy en el Centro de Salud. Vivir en una comunidad aborigen me posibilita la cercanía, porque tengo ese conocimiento de lo que pasa y muchas veces hago de agente sanitario”.
Al hablar del trabajo que lleva adelante en el centro, sostuvo que es un espacio de referencia y que contiene mucho a la población de las comunidades indígenas. “Nosotros hablamos lengua castellana, en otras comunidades como las Qom siguen hablando su lengua materna, por lo que eso no es un impedimento aunque hay otros tiempos. Cuando hay pacientes con medicaciones delicadas tenemos que asegurarnos de que entienda bien cómo tomarlo, en lo posible que vaya acompañado por un familiar más joven, para que se hagan los controles adecuados o si tienen que ir a hacerlos a la ciudad de Santa Fe, entonces ahí articulamos. Yo trabajo mucho con el área social, con las asistentes sociales; por ejemplo, con los partos que aquí ya no se hacen más y por una cuestión de complejidad tienen que ir a la ciudad capital, en el tercer nivel, y a veces no tienen los recursos, pero nosotros tratamos de garantizar que vaya y luego, en algunas ocasiones, coordinar para que pueda acceder a un método anticonceptivo. Es muy importante el rol de articulador, que es lo que hago por sobre todo”.
Siguiendo por ese carril, Verónica comentó que talleres como el de dispositivos móviles, del que participó, también es parte de ello. “En este caso, que hablamos de salud sexual integral, es bueno que la información vaya llegando, porque a veces nos hacen consultas las jóvenes y, a veces, sienten vergüenza con la enfermera o la médica, entonces me lo preguntan a mí, por formar parte de su misma comunidad. Justamente, haciendo un trabajo sobre embarazo adolescente, veíamos que bajaron respecto a otros años y vemos que las jóvenes y mujeres adultas van por sus métodos anticonceptivos, algunas se animan a los más nuevos. Luego, las médicas también realizan charlas y eso impacta positivamente porque nos capacitamos y nosotras lo trasladamos a la comunidad”.
“Dentro de las comunidades hay familias muy humildes, por eso siempre tenemos que pensar que tenemos que ir por los más jóvenes, hablarles de lo que significa tener un hijo… es ir abriendo caminos”, agregó.
Finalmente, la líder de la comunidad reflexionó sobre los desafíos que enfrenta al intentar llevar a la práctica lo aprendido en estos espacios de intercambio y aprendizaje. Con sinceridad, compartió: "La vergüenza es una barrera enorme a la hora de plantear ciertas situaciones. En esos momentos, activamos la cadena de buena voluntad y damos consejería. Poco a poco vamos avanzando y los resultados empiezan a notarse. Estoy convencida de que la educación es la clave para el cambio y por eso insisto en apostar por los jóvenes".

Deconstrucción, aprendizaje y el desafío de garantizar derechos
Lucía es licenciada en enfermería y trabaja en el Samco de Santa Rosa de Calchines desde hace 23 años. A través de su testimonio, quedó reflejado cómo una situación límite puede hacer tambalear y derrumbar tanto estructuras como creencias personales y profesionales.
“Ese episodio me llevó a buscar formación y capacitarme. Me tomó tiempo deconstruir lo que había aprendido y reconstruir mis enfoques, algo que logré a través de talleres como este que me mostraron nuevas perspectivas y maneras de actuar”, indica.
Lucía dice que los espacios para capacitarse son un ámbito de encuentro: “También compartimos experiencias sobre lo que nos ocurre en nuestras prácticas, el encuentro siempre es válido sobre todo para reforzar y garantizar leyes”.
La medicina y el tiempo en los márgenes de la infancia
Joana Soledad es médica pediatra y trabaja en el Hospital de Helvecia. Pese a que su especialidad es la atención a infancias, “en este lugar está muy instaurada la imagen del médico generalista y, en algunas ocasiones, una establece vínculo con la madre y, a veces, esa misma madre que nos trae a su hijo o hija termina solicitando un método anticonceptivo. Eso se genera a partir del vínculo generado con la paciente”, cuenta la profesional.
¿Cómo enfrentar esas situaciones? “En este hospital disponemos de un servicio de ginecología, entonces, trato de aprovechar la ocasión para hacerles una derivación que genere una consulta más completa, que no se queden solamente en tomar la pastilla, sino que hagan un control ginecológico, que se hagan el papanicolau, ecografía de mama o ginecológica, que sepan que debe realizarse una vez al año”.
Joana tiene pacientes que van haciendo su paso de la niñez a la adolescencia y, si bien algunos recurren a ella para informarse sobre métodos anticonceptivos, la mayoría ya tiene instaurado que tienen que sacar turno a ginecología. Nos cuenta que “vienen y te piden la derivación para hacerse atender ya en esa especialidad y de a poco se van desprendiendo de la imagen del pediatra para pasar a ser pacientes ginecológicos o clínicos” y, en ese paso, mantiene algunas charlas con esas jóvenes.
La pediatra le da valor a las capacitaciones que puedan enriquecer su práctica porque, como la realidad y el contexto se lo demuestra, debe estar preparada para atender ciertas demandas o inquietudes. “Sirve el conocimiento, por ejemplo, yo nunca hice AMEU, no sabía cómo hacerlo y, más allá de que yo no vaya a realizar esa práctica, sí me sirve para darle una charla a alguna paciente para informarle cómo es el procedimiento”.
Al finalizar la charla, Joana reflexionó: "No es fácil abordar a un adolescente, el adolescente nos desconcierta. Se trata de una etapa compleja y difícil de abordar, que requiere más dedicación y tiempo. Para mí, una meta sería poder establecer un consultorio especializado en adolescentes”.

Capítulo Santo Tomé: un puente, infinitas redes
Los equipos transitaron los caminos de la bota santafesina, dejando huellas en cada localidad. Durante 2024, su trabajo los llevó a más de 100 efectores de salud, capacitando a cerca de 400 personas. En diciembre los viajes llegaron a su desenlace, con Santo Tomé como última escala.
Esta ciudad, de algo más de 75.000 habitantes, está separada de la capital provincial por el emblemático Puente Carretero, pero eso no es lo que la define. En tiempos de la colonia, Santo Tomé fue una aldea de paso administrada por los jesuitas y en 1872, por pedido de sus pobladores, fue la fundación oficial de la localidad.
En las últimas décadas el crecimiento del cordón industrial santafesino, particularmente en la vecina localidad de Sauce Viejo, transformó la dinámica económica de la región y la ciudad fue ganando protagonismo como zona residencial, atrayendo a familias que buscan un entorno tranquilo, alejadas, pero cerca, de la capital. Así, Santo Tomé sigue creciendo y consolidándose como una ciudad de oportunidades.
Más allá del diagnóstico
El equipo llega al Centro de Salud Presidente Raúl Alfonsín, en el corazón del barrio Adelina Centro. Esta vez, la tarea es abordar un tema sensible y urgente: las infecciones de transmisión sexual (ITS). Tras las presentaciones iniciales, surgió la propuesta de dividirse en dos grupos. La consigna: compartir algún caso de ITS que haya dejado huella en su experiencia profesional y reflexionar sobre las fortalezas y debilidades que, como equipo, se hicieron evidentes al enfrentarlo.
La palabra circuló, como el mate que pasaba de mano en mano, y pronto emergieron dos historias atravesadas por las violencias. La crudeza de los relatos dejó en evidencia la pasión que tienen por sus trabajos, que trasciende lo estrictamente profesional, y expuso el compromiso de mirar a las personas más allá de los diagnósticos, de entenderlas en su totalidad.
Al narrar se desprendía algo más que empatía, esa cualidad imprescindible para tratar con las heridas visibles e invisibles que cargan quienes llegan al centro de salud comunitario. También quedó patente la capacidad de trabajar como equipo, de articular estrategias, planificar soluciones y, sobre todo, construir puentes. Porque quienes cruzan las puertas de ese espacio no buscan solo respuestas, sino un tratamiento, una solución.

Transformar el sistema: construyendo lazos en salud
Georgina es radióloga y desde hace unos meses está a cargo de la coordinación de articulación en red del Hospital Samco de Santo Tomé junto a dos médicas, “somos tres mujeres en la conducción por primera vez”, le gusta resaltar.
“La propuesta de la que me hice co-responsable consiste en articular los siete CAPS dependientes de nuestro Hospital Central, el Hospital SAMCo de Santo Tomé. El objetivo es coordinar para facilitar el acceso de los usuarios y usuarias a todos los servicios necesarios: programas sanitarios públicos, atención primaria de la salud, así como el acceso de personas con discapacidad y la atención en problemas de niñez, entre otros. Así articulo todo lo referenciado a los CAPS, transmitiendo las necesidades puntuales de cada efector al SAMCo y de ahí a un organismo de tercer nivel”, contó.
A la hora de dar su mirada respecto al trabajo que se realiza en torno de los derechos sexuales y reproductivos, la licenciada en Producción de Bioimagen indicó: “Veo que los equipos locales están trabajando muy a conciencia, muy responsabilizados por su población a cargo. Pero veo que a veces falta fortalecer algunos espacios de trabajo o empoderar a algunas profesiones o actores en toda la cadena. Como por ejemplo el Servicio Social, que para mí es fundamental. También el trabajo del médico generalista me parece fundamental en este contexto, ya que actúa como un puente entre el hospital y los CAPS, difundiendo los recursos disponibles y fortaleciendo la conexión con áreas claves como la farmacia del efector y el espacio de consejería. Son muchos los actores involucrados y creo que todavía tenemos desafíos pendientes en este aspecto, por eso se han activado varias reuniones”.
La profesional hizo un paralelismo con la tarea de los docentes a la hora de referirse, con mucho orgullo, al trabajo de articulación que hacen los y las profesionales de la salud para que todos los usuarios y usuarias puedan acceder al sistema: “El trabajador de salud nunca descansa, nunca para. Uno lo hace por vocación y porque las situaciones son tan complejas a veces y tocan tanto nuestro corazón que uno no puede dejarlo pasar, tenemos empatía con el otro”.
Sobre el encuentro del que fue parte, Georgina dijo con total sinceridad: “Siento la necesidad de leer y estudiar para estar a la altura de las circunstancias, porque esto también forma parte de la gestión. Tener acceso a estos espacios, que te ayudan a abrir la cabeza, es muy valioso; ojalá todos pudieran pasar por experiencias como estas. Para mí es una experiencia enriquecedora que también ayuda a desconectarse un poco del estrés cotidiano. Esto es distinto, es reflexionar y replantearnos las políticas públicas de salud y las propias prácticas”.

Atención a adolescentes con cercanía y empatía
Juan Manuel se presentó como médico generalista y referente del Centro de Salud Presidente Raúl Alfonsín. Trabaja allí desde hace cuatro años y contó que, como el resto de los integrantes del equipo, en ocasiones adapta los horarios del lugar a los horarios de los usuarios y usuarias para que no dejen de ir a la consulta. “Muchas veces no pueden venir temprano porque tendrían que faltar al trabajo, a muchos no les pagan el día si eso pasa, tratamos de acomodarnos, entonces vienen y podemos hacer un abordaje en conjunto”, detalló.
En ese CAPS se atiende a una población que ronda las 5.000 personas, de distintos barrios de Santo Tomé, que llegan allí no solo por una cuestión de cercanía u horarios, sino por la calidad de la atención. “Mi forma de trabajar es esa: ser empático con el paciente, que esa relación médico - paciente sea de persona a persona. A muchos les gusta mi manera de hablar, sobre todo a los adolescentes. Los padres y madres a veces son reacios a hablar de temas como conductas sexuales o consumo de sustancias y yo les hablo como es, sin matices. Después me dicen que les gustó la forma en que charlé con sus hijos o hijas, como les enseñé o expliqué, y muchas veces esos mismos jóvenes después vienen a consultarme en confianza, porque no les hablo desde un lugar de autoridad”.
El trabajo con la población joven que llega al CAPS es uno de los fuertes de Juan y ese contacto diario le permite detectar ciertas problemáticas. Una de ellas es el crecimiento de adolescentes con sífilis, una ITS que se puede prevenir y curar, pero que si no se trata puede causar graves problemas de salud. “Hay muchos que desconocen las vías de transmisión porque son usuarios que se están iniciando en las relaciones sexuales”, explicó el médico, y agregó: “Cuando les pregunto si usaron preservativo dicen que sí, pero cuando les preguntás cómo lo usó, lo usaron mal; se los colocan sobre el final del encuentro sexual porque piensan en un embarazo no deseado, no en una enfermedad o infección; o nos dicen que la pareja toma anticonceptivos o piensan que solo el hombre debe llevar el preservativo. Siempre les digo que el preservativo bien colocado es del principio al final, que sin preservativo no hay penetración; muchos incluso piensan que en esa primera vez no va a pasar nada, que no se van a embarazar o a transmitir algo”.
“Al momento de preguntarles si tuvieron información en la escuela o en la casa, muchos dicen que no, que no les dieron en la escuela, o que no les preguntan a sus padres porque les da vergüenza; y a los padres también les da vergüenza. Entonces yo los invito a que vengan a hablar con el médico o médica, con la psicóloga, con quien esté. Pero lo bueno es que una vez que llegan a la consulta, acceden al tratamiento, lo siguen y no vuelven a recaer en lo mismo”, resaltó.
Por último, Asevedo sostuvo que “lo importante de estos talleres fue que nos brindaron muchas herramientas que nos favorecieron desde diferentes puntos, ver cómo trabajan otros profesionales para poder articular con el resto de los efectores”.
Tejer redes, involucrarse
Natalia es médica, recientemente terminó la especialidad de medicina general familiar y es jefa de residentes del Samco de Santo Tomé. Sobre su presencia en el taller, sostuvo que le “pareció importante escuchar para saber qué podemos sumar para hacer red también, porque la verdad es que para mí la red es importantísima. En estos encuentros podemos ver otras realidades que, muchas veces, no son iguales a la propia. Y en equipo podemos generar algunas estrategias y recursos que se necesitan”.
Su tarea está marcada por la empatía y el compromiso, eso quedó plasmado en una historia que relató y que la llevó a la creación de un proyecto propio: “Cuando era residente conocí a Andrea, una paciente trans. Fue a la consulta por un dolor abdominal y, a partir de ahí, pudimos hacer un vínculo. Yo empecé a contarle cuáles eran los derechos que tenía, la accesibilidad. Empezamos a hacer los controles, la vacunación y desde ahí la pude acompañar hasta hace muy poquito, cuando dejé ese centro de salud, pero sigo vinculada con ella. A partir de conocerla, en tercer año, hice un proyecto de intervención comunitaria en el cual problematizar la situación de la población trans en la ciudad, a partir de esta experiencia que me marcó tanto”.
Y reflexiona sobre la importancia de ir más allá de la consulta: "Cuando te involucras y ves más allá de lo inmediato, podés ayudar de manera más profunda. Esa es mi esencia como médica generalista: comprometerme no solo con el usuario que viene por una consulta, sino también con su grupo familiar y generar redes que los conecten a distintos espacios".
“Andrea llegó a mí por un dolor abdominal y hoy ha logrado un cambio registral, está en contacto con la Municipalidad e incluso está mejorando su casa, algo que antes no tenía. Además, está terminando la escuela en Santa Fe. Ella ha hecho todo por sí misma, pero tuvo acceso a nuevas oportunidades. Para mí ayudarla no representó ningún esfuerzo, al contrario, ella me ha enriquecido de muchas maneras. Creo que como profesionales de la salud y como equipo es nuestra responsabilidad generar este pequeño cambio en la vida de alguien. Ahora es ella quien está tomando las riendas”, reflexionó Natalia.

Enriquecer miradas y garantizar derechos: un compromiso hacia la salud pública
A lo largo de 2024, cientos de miradas se cruzaron en todo el territorio santafesino, un territorio tan diverso como esas miradas. En esa diversidad, en esas historias contadas en primera persona, pero compartidas y reflejadas en las experiencias de otras, nacieron ideas y se tejieron vínculos que están construyendo el futuro. Fue en ese entramado, en esa alianza entre organismos internacionales y un Estado provincial, donde se revelaron tanto las virtudes como los desafíos que enfrenta el sistema de salud pública.
“La fortaleza de esta iniciativa radicó en la continuidad”, aseguró Flavia, y agregó: “No sirve de nada ir al efector de una localidad una vez y luego no aparecer más, lo interesante fue seguir viéndonos, palpar qué estrategias seguir y cuáles fueron sus resultados; ayudarnos a pensar colectivamente, enriquecernos con diferentes miradas, ya que una cosa es lo que se ve desde un nivel central, en el que se ve lo macro, y otra cosa es la particularidad de cada territorio”. Es en el compromiso y las ideas de los y las profesionales que integran este sistema donde convergen todos los caminos, allí reside su riqueza más profunda.
