Por segundo año consecutivo, el gobierno nacional decidió no financiar los Juegos Universitarios Argentinos (JUAR). "Nos sacan una parte importante de la vida universitaria", señalan las estudiantes deportistas.
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¿Qué se pierde cuando se recortan estos espacios? ¿Cómo impacta, especialmente, en las mujeres que estudian y practican deporte? ¿Qué lugar ocupan los JUAR en sus trayectorias académicas y personales?
Los Juegos Universitarios Argentinos (JUAR) constituyen la política pública más importante del deporte universitario en nuestro país. Se trata de una competencia nacional que reúne a más de 20.000 estudiantes deportistas que compiten en nueve regionales a lo largo del año. De ellos son parte las 24 provincias argentinas y más de 120 instituciones de educación superior. En cada edición, más de 4000 estudiantes acceden a una instancia final que simboliza el esfuerzo colectivo de miles de jóvenes que practican deporte y estudian al mismo tiempo.
Desde sus principios, han sido una herramienta clave para garantizar el acceso al deporte competitivo para jóvenes que, muchas veces, no tienen otras oportunidades para desarrollarse en ese ámbito. Pero este año, una vez más desde la asunción de Javier Milei, no habrá JUAR.
Ante esto, la Federación del Deporte Universitario Argentino (FeDUA) expresó su rechazo frente a la decisión del gobierno, remarcando que el programa "no solo promueve valores como la inclusión, la equidad y el federalismo, sino que también representa una inversión mínima en comparación con su impacto social".
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Una pérdida que trasciende lo deportivo
Melina Devoto es estudiante de medicina y compitió en handball representando a la Universidad Nacional del Litoral (UNL): “Es difícil, porque si uno quiere avanzar en la carrera a veces tiene que dejar de lado el deporte por la demanda académica. Estas instancias permiten seguir disfrutando del deporte, aunque no lo practiques con frecuencia”.
Para Melina, los JUAR son una oportunidad: “Es una forma de inclusión en el deporte para las y los estudiantes que por cuestiones académicas, económicas o laborales no pueden practicar”.
Para Zoe Pérez también era un evento importante en su calendario académico: “Eran un despeje y una descarga para quienes estudiamos, liberábamos mucho estrés académico y funcionaba de la misma manera en la parte social, ya que generábamos nuevos vínculos”, expresa la estudiante de Terapia Ocupacional de UNL que participó en futsal.
En un contexto donde las mujeres deportistas ya enfrentan múltiples barreras —menor visibilidad, falta de financiamiento, escasa profesionalización— la ausencia de políticas públicas que acompañen su desarrollo las deja aún más relegadas. Los JUAR, con sus categorías femeninas en igualdad de condiciones que las masculinas, eran una excepción positiva dentro del ecosistema deportivo argentino.
“Me hace acordar a los peores momentos que vivimos en la educación superior, nos sacan derechos y quieren reducir la universidad a solo un profesor en frente a un aula”, advierte Magdalena Castro, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, también de UNL.
La estudiante deportista participó en los JUAR de 2022 en rugby, y en 2023 se volcó al atletismo en 400 y 800 metros llanos. Desde su perspectiva del derecho, habla del deporte de una manera más amplia: “El deporte tiene eso que despeja, entretiene, le da la oportunidad a un montón de personas de salir de momentos difíciles, de realidades más vulnerables y marginadas. También funciona muchas veces como una puerta hacia la educación”.
“Las universidades no son solamente sentarse a leer, la vida universitaria permite un montón de interrelaciones y el deporte tiene la particularidad de que se va extendiendo, siempre abarca mucho más allá de la facultad, y abre distintas vías”, explica.

Los JUAR: vínculos, superación y aprendizaje
El torneo federal era una forma de garantizar el derecho al juego, a la competencia y al crecimiento personal en clave de género, federalismo e inclusión. Por eso, su suspensión afecta mucho más que una fecha en el calendario: impacta en cientos de proyectos de vida que encuentran en el deporte una herramienta de transformación.
“Lo que más me gustaba era compartir con mis compañeras de equipo, conocer otros predios y jugadoras de otras universidades e intercambiar opiniones sobre el deporte y sobre cómo mejorar. También había quienes lo utilizaban como forma de demostrar su destreza con intenciones de iniciar una carrera deportiva de forma profesional”, remarca Melina.
Zoe disfrutaba de tener una semana a puro futsal: “Te permitía conocer otras formas de realizar el deporte y conocer personas de otros lugares. Creo que lo mejor era jugar. Te enfrentabas todos los días a diferentes rivales y en eso está lo divertido y lo dinámico”.
Las tres resaltan por igual algo muy importante: ponerse la camiseta de la su universidad, defenderla y “devolverle algo de todo lo que nos da”.
“Una agradece tener una universidad pública, poder llevarle medallas a la facu, dejarla en lo más alto, es un honor”, concluye Magui.
No es un gasto: es una inversión
Los JUAR no son un lujo, son una política pública que permite que el deporte se viva como derecho, no como privilegio. Su cancelación no solo priva a miles de estudiantes de competir: desarma redes, debilita vínculos, desarticula equipos y borra un espacio donde, por un momento, estudiar y hacer deporte podían convivir.
Autora: Julieta Boschiazzo
